Honda huella del “Padre Trampitas” en las Islas Marías. Recónditas historias allende el mar

José de Jesús Parada Tovar

Ahora que se ha desalojado el Centro de Reclusión en la Mayor de las Islas Marías y pretende convertírseles en un núcleo de atractivos culturales y turísticos, sería imperdonable no respetar el Cementerio, como parte importante de un Museo que se proyecta, y que debiera incluir la memoria documental, fotográfica y audiovisual de la vida en ese territorio insular mexicano, protagonizada por reos de toda laya, sus familias, sus custodios, el Ejército y la Marina, las brigadas de voluntarios o de catequistas en Misión y, de manera especial, la tarea apostólica de Religiosas y de los Padres Jesuitas como Capellanes.

Fiel compañía de la Compañía

Una vez conocida la publicación del Decreto del 18 de febrero de 2019, firmado por el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, mediante el cual se crea el Centro para las Artes, la Cultura y Conocimiento del Medio Ambiente en las Islas Marías, abordé al Padre Jesús Gómez Fregoso, Sacerdote Jesuita, familiar y cariñosamente conocido como “El Padre Chuchín”, prestigiado como acucioso Investigador e Historiador, quien hizo saber que “la labor pastoral de la Compañía de Jesús en el Reclusorio Federal de las Islas Marías comenzó hacia 1943, con autorización del General Manuel Ávila Camacho, Presidente de la República; labor que los Jesuitas mantuvieron ininterrumpidamente hasta el cierre del Reclusorio. ‘El Padre Trampitas’ trabajó ahí por más de 30 años”.

Orígenes remotos y próximos

En dirección del Puerto de San Blas, Nayarit, a 112 kilómetros de distancia, se ubica el referido archipiélago: la Isla Madre o Mayor, que abarca 145.282 kilómetros cuadrados; la Isla María Magdalena; la Isla María Cleofas y el Islote San Juanito. En conjunto, ocupan una superficie de 247.97 kilómetros cuadrados. Su altura máxima es de 650 metros sobre el nivel del mar.

Fueron descubiertas en 1532 por el Capitán Diego Hurtado de Mendoza, explorador español, enviado por Hernán Cortés en afán de hacer avanzar y ensanchar los dominios de España hacia el Occidente, navegando por el Litoral del Océano Pacífico. Sin embargo, durante siglos permanecieron inhóspitas, aunque su posesión se la adjudicaron sucesivamente varios terratenientes nayaritas mediante la compra de extensiones a la Federación.

Para desterrar a adversarios políticos contrarios a su Régimen, y cinco años antes de culminar su período dictatorial de casi tres decenios, el Presidente de la República, General Porfirio Díaz Mori, habilitó aquel lugar como Colonia Penitenciaria Federal a partir de 1905. 15 años después, el General Álvaro Obregón Salido, Primer Mandatario de la Nación, secundó la idea de confinar en aquel lejano sitio a sus más aguerridos opositores.

Varios de sus sucesores continuaron la costumbre. Por ejemplo, durante el libertario Movimiento Cristero (1926-1929) fueron embarcados en la “Cuerda” de presos, varios combatientes Cristeros, al igual que Concepción Acevedo, apodada “La Madre Conchita”, a quien se endilgó la autoría intelectual del asesinato del General Obregón a manos de José de León Toral, cuando aquél pretendía reelegirse. Años después, corrió similar suerte carcelaria el intelectual José Revueltas Sánchez. Por disposición del Presidente Ávila Camacho, en la cuarta década del Siglo XX se construyeron, en la Isla Madre, modestas casas para ser habitadas por las esposas e hijos de los reclusos, y con ello integrar un núcleo poblacional, así como evitar la promiscuidad y prostitución, pues también hubo Cárcel de Mujeres.

Territorialmente, las Islas Marías pertenecen al Estado de Nayarit, pero jurisdiccional y administrativamente al Gobierno de la República, que en 2010, en la gestión del Presidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, las declaró Reserva de la Biósfera. Luego del desalojo de los internos (muchos de ellos liberados al cumplir su sentencia o por no representar peligro para la Sociedad y sí una oportunidad de reinserción, y otros enviados a purgar el resto de su condena en el Reclusorio Federal de Sinaloa), la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales se hace cargo de esa porción insular de la Nación.

El legado de “Trampitas”

Tuve la fortuna de, quizá, haberle hecho la última de tantas entrevistas de que fue objeto el Padre Juan Manuel Martínez Macías, Sacerdote Jesuita, (a) “Trampitas”, realizada en enero de 1989 y publicada en el Suplemento Cultural de El Informador el domingo 20 de septiembre de 1992, pues falleció en mayo de 1989.

“A mí que me entierren allá en las Islas Marías, y junto a la tumba del ‘Sapo’. Yo puedo asegurar que ese ‘Sapo’ no pasó ni por el Purgatorio”, me dijo con vehemente seguridad aquella vez. Y es que dicho presidiario, de nombre José Ortiz Muñoz, sobrino del General Eulogio Ortiz, perseguidor de Curas, había asesinado, desde sus 9 años de edad, a más de 100 individuos; pero, ya en el Campamento de Las Marías, “cayó en la trampa” de la conversión, dirigido por el Padre Martínez, a quien aseaba su cuarto. Primero era muy temido por los presos, y luego muy respetado por su radical cambio y ejemplar comportamiento cristiano.

Por cierto, también el Jesuita, nacido el 15 de enero de 1900 en Aguascalientes, se asumía como converso, ya que fue perseguidor de Sacerdotes y laicos católicos, y a punto estuvo de dinamitar la Catedral de su ciudad natal. Ya ordenado Presbítero, el 23 de junio de 1935, se dijo a sí mismo: “Es justo que el que persiguió a Cristo muera en una prisión”, y por eso pidió a sus Superiores ejercer su ministerio en la cárcel estadunidense de Leavenworth, donde se trataba inhumanamente a los negros. Por sus ocurrencias, le apodaron “Tramps Father”.

Acaso la más terrible de sus experiencias sacerdotales la vivió durante unos años en Guadalajara, recluido clandestinamente en un cuarto de azotea de la Casa de los Padres Jesuitas porque había sido suspendido de su ministerio, tras la falsa acusación de una monja, en el Centro del país, que posteriormente se retractó. A su vez, el Padre Juan Manuel había guardado fielmente el sigilo sacramental de la Confesión, y soportado santamente el injusto castigo.

Su destino privilegiado

Un poco antes, el Presidente Ávila Camacho había aprobado el envío de dos Padres de la Compañía al Penal marítimo, y allá acudió el Padre Samuel Hinori, mas no “Trampitas”, impedido por su equívoca suspensión. Pero, ya reivindicado, y tras breve estancia en las Misiones chihuahuenses de La Tarahumara, se le cumplió el anhelo de ir a las Islas, incluso ahora con la concesión papal y potestad para perdonar todo tipo de pecados, aun los más graves y reservados de absolución.

Cuando arribó a Las Marías, con papeles camuflados de presidiario, y entreverado en la “Cuerda” de presos, que por entonces sumaba hasta 200 delincuentes por viaje en barco, pronto trazó un plan de trabajo con el Padre Hinori, con los cabecillas y con Autoridades locales, pues, “sobre una población de 7,563 personas, incluyendo 121 mujeres internas, había de tres a cuatro homicidios por semana. Gracias a Dios, logramos bajar ese lamentable récord a siete años sin una gota de sangre.”

Don “Trampitas” rememoraba frescamente decenas de anécdotas, personajes y situaciones en aquel natural y desnaturalizado confinamiento, al que logró, mediante ingeniosas travesuras a los acompañantes del Presidente Luis Echeverría Álvarez en una visita, que éste concediera importantes mejoras a los Campamentos del Penal, por ejemplo la luz eléctrica todo el día, y estancias para las esposas y familias de los reos. ¡Y se le cumplió su porfiado deseo!: Hace exactamente 30 años, sus cenizas fueron depositadas en el Panteón de la Isla Madre, precisamente a un lado de la tumba del “Sapo”, y en lo que constituyó un emotivo y piadoso suceso, en el que intervinieron numerosos niños llevando flores cortadas del campo.

Otro testimonio

Catequista por muchos años en el Barrio y Parroquia de San Felipe de Jesús, Beatriz Guerrero López incursionó, en 1996, en una jornada misional en las Islas Marías, a invitación de la Madre Mary, quien cada año organizaba expediciones catequísticas y con otro tipo de ayudas, ordinariamente apoyada por Maestras, y bajo la coordinación del Padre Basilio Íñiguez Hernández, en ese tiempo Asesor de la Pastoral Penitenciaria Diocesana, en la que Beatriz trabajó durante dos décadas, principalmente en atención al Reclusorio de Mujeres del CERESO cercano a Puente Grande.

“Yo solamente fui en julio de aquel 1996 y nada más permanecí por tres de las siete semanas previstas, porque tuve que regresarme a causa de la grave enfermedad de mi madre”, refirió nuestra entrevistada, y luego desgranó detalles: “Salimos ocho compañeras desde Mazatlán en un barco carguero, debiendo dormir en la cubierta; viaje en el que iban también hijos de los presos. Arribamos a la Isla Madre en el Puerto Balleto, único embarcadero de las islas, y que es la población donde se asientan los Campamentos de los reclusos. Ahí había una plaza, tienda y Parroquia, atendida por dos Padres Jesuitas”; (obviamente, ya no eran Hinori y Martínez).

 Advirtió que, a fin de integrar el equipo misionero, debían cubrirse señalados requisitos, empezando por la edad, así como por la experiencia catequética y de asistencia penitenciaria. Y continuó: “El programa contemplaba la Santa Misa en cada uno de los tres Campamentos (el de mujeres, el de reos peligrosos y el de internos moderados). Además, diariamente impartíamos Catecismo, aparte de temas seleccionados, tanto a los internos como a sus esposas e hijos pequeños, que asistían a una Escuela Primaria cercana a las casitas de sus mamás.

 “En esa época del año, de manera especial se resiente un clima extremadamente caluroso, aunque azotan tormentas muy fuertes. Hay que hacer notar que en los reclusorios se impartía Secundaria y Computación, y que dentro había gente buena e inocente que purgaba el aislamiento injustamente. Muchos de ellos laboraban en un taller para fabricar fajos y artículos de madera. Cada ocho días, con la supervisión de la Parroquia, a las familias se les repartían despensas, ropa y calzado, además de que en la dieta general se incluía carne o camarones, que allá se reproducen de enorme tamaño”.

Por último, nos platicó una anécdota por demás simpática y tenebrosa: “La Marina era muy vigilante y custodiaba muy bien aquellas islas. Imposible a los carcelarios escaparse hacia alguna de las otras islas, pues tan sólo en el intento podían ser presa de los tiburones. Sin embargo, en esos días, tres de los internos lograron burlar la vigilancia y perderse. Cuando eso ocurría, los marinos escogían a varios de los presos con peores antecedentes criminales, a quienes apodaban precisamente “Tiburones”, y les encomendaban, día y noche, buscar en lanchas por los alrededores a los escapados y ‘peinar’ por tierra las tres islas restantes y despobladas.

“Mientras tanto, sobre todo en la Misa, y los niños en el Catecismo, a diario rogaban a Dios por la vida de los prófugos… y también por los ‘Tiburones’, pues los castigos eran muy severos, según el caso”.

…En lo sucesivo, las islas más importantes del patrimonio territorial de la Nación serán un atractivo turístico para paseantes que deseen viajar, ya sin trampas, disfrutar de la Naturaleza en su más pura expresión y conocer lo que quedó de la legendaria Colonia Penal Federal.       

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One comment

  1. Juan José Ledesma Olmedo

    Es otra de las decisiones “absurdas” del Presidente López Obrador. Quizás era el Centro Penitenciario modelo para los demás en México. Es conocido por todos que los demás Centros de Rehabilitación (???) se tienen dominados por las mafias y delincuencia organizada, son varios los escándalos conocidos en los que al interior se organizan fiestas y desde ahí operan la extorsión, el secuestro y la distribución de droga al interior y fuera.

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