El camino cuaresmal. Perder para Ganar

Lupita:

Me encuentro desolado. Mi esposa me ha dejado, mis hijos muestran su decepción hacia mí. He dejado de tener ingresos. En este momento mi mundo es negro y no siento esperanza ni consuelo.

Arturo E.

Hermano mío, Arturo:

Cuando Dios te da, es porque te quiere pedir; cuando Dios te pide, es porque te quiere dar.

Estás experimentando dolor y frustración, pérdida y desconsuelo. Únete a Cristo que experimentó todas estas sensaciones antes de entregar su vida por ti. La Palabra revela que Cristo desde la cruz llega a exclamar: “Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado”. Y más adelante nos enseña un modo de afrontar este dolor moral cuando dice: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

¡EN TUS MANOS!

Es momento de que hagas tuya esta frase y la repitas a lo largo de cada día:

¡En Tus Manos, Señor!

Cristo debía perder para ganar. Cristo había de morir para resucitar. Él nos muestra cómo el dolor entregado por amor, tiene valor redentor.  La cuaresma es un periodo de penitencia, de pena, que nos prepara para celebrar el triunfo del Señor.

La vida está llena de ciclos, después de las malas rachas vienen las buenas y viceversa.

Así que prepárate para volver a empezar desde el amor, ofreciendo toda dificultad y esfuerzo en reparación de tus culpas;  y esta vez, con tu experiencia, podrás determinarte a no cometer los mismos errores. Tu nuevo principio te llevará a ubicarte más arriba de donde te encontrabas.

Los especialistas en pérdidas nos señalan 2 pasos básicos para empezar de nuevo:

1) Enfócate en lo positivo. Evita pensar en todo lo que perdiste o lo que no tienes. Considera lo que si tienes y aplícate en comenzar de cero si es necesario, agradeciendo por  cada pequeña cosa que sí está en ti y contigo ahora.

2) Discierne qué es lo que está en tus manos y hazlo, escribe un plan de crecimiento personal.

Lo que no está en tus manos, ponlo en manos de Dios. Alimenta tu fe.

Antes de que Dios diera el triunfo al pueblo Judío por acción de Esther, Ella había orado así: Ayúdame ahora a mí, porque no tengo a nadie más que a ti, Señor y Dios mío.

Permanece fiel. El Señor bendecirá tu vida y tu familia.

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegasoficial

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