Cerrar círculos

Pbro. Armando González Escoto

Así le llaman en terapia al proceso por el cual, una persona que ha tenido un serio problema, logra aclararlo en lugar de estarle dando vueltas una y otra vez hasta el infinito, y sin otro provecho que estarse torturando, y torturando a los demás.

Este saludable recurso del que tanta gente se ha beneficiado, no llega todavía a la sociedad mexicana en su conjunto, razón por la cual, cuando menos uno lo piensa, ya está éste o aquel removiendo, activando, recordando y quejándose por enésima vez de aquello que pasó, o les pasó, o nos pasó, señalando culpables, cómplices, personas que pudiendo ayudar no lo hicieron, y párele de contar.

Esa incapacidad nuestra para cerrar círculos y hacerlo bien la vivimos de manera particular en relación con nuestra historia, siempre aprendida y asumida de manera infantil y acrítica, repitiendo mitos buenos y malos, siempre dolidos, siempre heridos, hasta por lo que en realidad ni siquiera ocurrió.

Cerrar círculos supone analizar con serenidad el conflicto, advertir tanto lo bueno como lo malo del suceso, aceptar tranquilamente lo que fue, valorar las repercusiones, comprometerse a cambiar de actitud, no repetir los mismos errores, establecer una versión definitiva y bien fundamentada, de tal modo que el círculo no se vuelva a abrir, porque hacerlo, ya sería cuestión de necios, de maquiavélicas estrategias, o incluso de perversos, en sentido psicológico.

La gente sana e inteligente suele cerrar bien estos círculos sin necesidad de un terapeuta, basta la sensatez y el buen juicio. Pero cuando el mismo sistema educativo, cívico y político en que se vive se afana en mantener abiertos esos círculos, y además lo hace de manera selectiva, las cosas no pueden funcionar, solamente se profundizan las neurosis sociales, se divide a la comunidad, y se prolonga por años su infantilismo.

Hoy día, el problema se agrava cuando, por medio de las redes sociales, se suelta todo tipo de torpezas sin que a nadie se le ocurra -por lo menos- analizarlas antes de repetirlas, por ejemplo: afirmar que los españoles exterminaron “millones” de indígenas a su llegada en el siglo XVI, pero ¿cuántos “millones” de indígenas habitaban entonces en este territorio?, ¿se sabe con certeza?, ¿cómo que si exterminaron “millones”, la sociedad mexicana sigue siendo mayoritariamente de origen indígena?, ¿quién inventa esas fabulas torpes y con qué intención? No olvidemos que la Nueva España se pudo establecer, gracias a la alianza que los pueblos indígenas hicieron con los españoles, y no sólo por el hecho de que éstos hubiesen conquistado a algunos de ellos, como fue el caso de los aztecas.

Si nos ubicamos en Jalisco, sabemos que solamente en dos lugares los indígenas ofrecieron batalla a los españoles, en Cuitzeo y en Tetlán, las demás comunidades, desde el principio, fueron aliadas, no conquistadas, y así se mantuvieron todo el tiempo, también cuando los indígenas de Nayarit y Zacatecas provocaron la guerra del Mixtón.

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