En una tarde lluviosa en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco hizo su recorrido para saludar a los peregrinos / Foto: Vatican Media

El Papa Francisco afirma que la soberbia es la actitud más peligrosa

Redacción ArquiMedios

En una nueva catequesis para el explicar el significado de la oración del “Padre Nuestro”, el Papa Francisco afirmó que el pecado capital de la soberbia “es la actitud más peligrosa de toda vida cristiana”.

Esta sentencia fue pronuncia al momento de reflexionar en la frase “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, dijo que aunque pensemos que somos perfecto a los ojos del mundo, delante de Dios somos pecadores.

“La actitud más peligrosa de toda vida cristiana ¿cuál es? Es la soberbia. Es la actitud de quien se coloca ante Dios pensando que siempre tiene las cuentas en orden con Él: el soberbio cree que hace todo bien. Como ese fariseo de la parábola, que en el templo cree que está rezando pero que, en realidad, se elogia ante Dios ‘Te doy gracias, Señor, porque no soy como los demás’. Es la gente que se siente perfecta, la gente que critica a los demás, es gente soberbia. Ninguno de nosotros es perfecto, ninguno. Por el contrario, el publicano, que estaba detrás, en el templo, un pecador despreciado por todos, se detiene en el umbral del templo y no se siente digno de entrar y se confía a la misericordia de Dios. Y Jesús comenta: ‘Este, a diferencia del otro, regresó a su casa justificado’ (Lc 18, 14), o sea, perdonado, salvado. ¿Por qué? Porque no era soberbio, porque reconocía sus limitaciones y sus pecados”, señaló el Pontífice.

Describió a la soberbia como un de los pecado que “se anidan en el corazón sin que nos demos cuenta”, a diferencia de otros que hacen más ruido y que reciben la denominación de “pecados flagrantes”.

“Somos deudores sobre todo porque en esta vida hemos recibido mucho: la existencia, un padre y una madre, la amistad, las maravillas de la creación. Incluso si a todos nos toca pasar días difíciles, siempre debemos recordar que la vida es una gracia, es el milagro que Dios ha sacado de la nada”, así lo expresó el Santo Padre.

Nadie brilla con luz propia

En su segundo momento, el Papa Francisco mencionó que los cristianos son capaces de amar porque alguien los enseñó a amar, amándolos. Son capaces de perdonar porque han sido perdonados; de ahí la importancia fundamental de esta cadena de la cual todos somos transmisores.

“Ninguno de nosotros brilla con luz propia. Es lo que los antiguos teólogos llamaban  un ‘mysterium lunae’ no solo en la identidad de la Iglesia, sino también en la historia de cada uno de nosotros.  ¿Qué significa este ‘mysterium lunae’? Que es como la luna, que no tiene luz propia: refleja la luz del sol. Tampoco nosotros tenemos luz propia: nuestra luz es un reflejo de la gracia de Dios, de la luz de Dios. Si amas es porque alguien, que no eras tú, te sonrió cuando eras un niño, enseñándote a responder con una sonrisa. Si amas es porque alguien a tu lado te despertó al amor, haciendo que entendieras que en él reside el sentido de la existencia”.

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