Abrazar la cruz

Editorial de Semanario #1158

Impresiona imaginar cómo sería ese abrazo que Jesús dio a la cruz cuando los soldados se la entregaron para que la cargara. Probablemente en él se mezclaron dos sentimientos. Por un lado, sentir miedo por el doloroso final de su vida. Pero, por el otro, una gran consolación al trascender el sufrimiento y ver en él el medio para amar hasta el final, para cumplir el plan de salvación del Padre.

Por eso, la Semana Santa la consideramos como un tiempo importante en nuestra vida cristiana. Es importante celebrar estos días participativamente, con creatividad y emoción, y sobre todo, encarnadas en la vida de nuestra sociedad actual, de nuestro pueblo. Pero el riesgo está en que hagamos solo un rito de los días santos, al margen del contexto en que Jesús vivió esto que ahora celebramos.

Jesús abraza su cruz, y  entrega la vida asumiendo los conflictos con las autoridades como parte esencial de su compromiso por el Reino. Hoy no podemos evangelizar haciendo como si la crisis en las dimensiones social, cultural, política y económica no existiera.

En este tiempo de conversión, las Lecturas nos presentan tres tentaciones que enfrentó y superó Jesús. Tentaciones que querían desviarlo de su misión como Mesías al servicio del Pueblo. Y esas mismas tres tentaciones, aunque las tenemos todas las personas, de modo especial las enfrentan los políticos. ¿Podrán vencerlas?

Primera tentación: El provecho propio. Si eres Mesías, si eres dirigente, haz que estas piedras se conviertan en pan para saciar no el hambre del pueblo, sino tu propia hambre. Es la tentación de usar su mesianismo en su propio provecho. No se busca en primer lugar la voluntad de Dios, el Amor y la Justicia, sino que en primer lugar se ven las necesidades personales del dirigente. Jesús multiplicó los panes, pero para el Pueblo y no para él mismo. Muchos políticos usan su poder en beneficio propio.

Segunda tentación: El Prestigio. El diablo invita: Si eres el Mesías, tírate de lo alto del Templo. Muéstralo en obras llamativas, prodigiosas, de prestigio. Muchos políticos lo que buscan es la fama, el prestigio, el renombre, el aparecer en las inauguraciones.

Última tentación: El poder. Satán lo promete: te daré la riqueza y el poder sobre las naciones, si postrándote me adoras. La respuesta de Jesús es clara: solamente al Señor adorarás. Y en la última cena Jesús lava los pies a los discípulos y nos dice que “Él no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar la vida en rescate. El que quiera ser el primero que se haga el último y el servidor de todos los demás”.

Estas son tentaciones de todo dirigente y de los dirigentes políticos: Usar su puesto, su cargo, su influencia en primer lugar en beneficio propio, buscar la fama y el prestigio antes que el bien del Pueblo, y buscar y sacrificar todo para tener más riquezas y más poder.

La Cuaresma y en especial la Semana Santa son un llamado de Jesús a convertirnos, a cambiar nuestros pasos y a no caer en la tentación. Son también un llamado a no ser pasivos o indiferentes cuando los dirigentes sociales,  o políticos caigan en esas tentaciones y opriman a la sociedad.

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