Los contrastes de la Pasión

Pbro. Armando González Escoto

La Pasión de Cristo mostró, en el breve plazo de veinticuatro horas, toda la grandeza que puede tener un ser humano y toda su vileza, justo en un escenario donde el principal protagonista era el Hijo de Dios.

Grandeza y vileza no en personas distintas, sino, incluso, en una misma persona, que en un momento se siente capaz de dar la vida por lo que cree y por lo que ama, y apenas cambian las circunstancias, esa misma persona modifica sus emotivas declaraciones, para negar y salir corriendo. También para llorar luego amargamente.

Honestidad de fondo en un hombre dedicado toda su vida a impartir justicia, según el derecho romano, pero que claudica a la hora de hacer cálculos políticos y acaba entregando en manos de la turba a quien sabe muy bien que es inocente.

Fidelidad y lealtad perseverante a toda prueba de las mujeres de Jerusalén que acompañan a Jesús hasta el pie mismo de la Cruz, junto con un apóstol y varios discípulos que no se arredran ante el desenlace trágico de sus esperanzas, ni temen las represalias de su manifiesta lealtad.

Y en ese espacio de extremos, un bufón aparece con la grotesca máscara del traidor, por más que hubiese sido llamado a ser amigo de Dios. Representa y hace suya la pusilanimidad humana, el cálculo interesado, el servicio servil no solicitado, pero del cual obtiene ganancia, unas cuantas monedas, pero también la sensación de sentirse importante, de haber sido tratado finalmente con respeto por parte de los grandes de este mundo. Muchos émulos ha tenido ese bufón a lo largo de la historia, forma parte de lo que coloquialmente se puede llamar la dinastía de los “tontos útiles”, esas personas de corta visión y largas ambiciones, que se prestan a los manejos de los poderosos, incapaces de advertir que son solamente manipulados por ellos, y muy contentos se sacian con las migajas de poder que a cambio reciben.

Es la misma figura de aquel colaborador de Santo Tomás Moro, Richard Rich, que lo traiciona vilmente a cambio de convertirse en tinterillo de Cromwell, una figura patética y perversa que nunca pudo escapar a su mediocridad.  Es la figura de Bruto, que sin haber necesidad, participa en el asesinato de Julio César.

Quienes pervierten la autoridad para convertirla en poder suelen requerir de este tipo de colaboradores. En el Sanedrín, y en el ambiente de los sumos sacerdotes de Israel, también militaban personas de este perfil, como ese criado que golpea a Jesús para quedar bien con su superior ¿Cómo desaprovechar una oportunidad así? Los tontos útiles son siempre oportunistas.

La pregunta de aquel apóstol ¿Cuánto me dan si se los entrego? Se ha seguido repitiendo a lo largo de la historia por personas de perfil semejante, lo que varía es lo que a cambio se recibe; el traicionado siempre es Jesús, aunque con distintos nombres, pero la acción es la misma.

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