Misiones hoy

Antonio de Jesús Escobedo Alatorre

Segundo de Filosofía

Las misiones son algo de lo más esperado en el  año por la mayoría de los seminaristas, una oportunidad de dar algo a los demás, de lo que uno es y de lo que conoce. Es, precisamente, en estos momentos de apostolado, cuando el futuro sacerdote puede comprobar los frutos que la formación ha venido dando en sí mismo. Sin embargo, las misiones son también, ante todo, una actividad formativa. Constituyen un momento de aprendizaje y de diálogo con los demás, y son oportunidad para que el seminarista cobre consciencia de lo que implica ser sacerdote diocesano, al compartir su vida algunas semanas con la comunidad.

En el Seminario hay dos tiempos de misiones: En julio, al final del año, mes que se comparte en las comunidades parroquiales con diferentes actividades de evangelización con los niños, los  jóvenes y  los adultos y el actual.

Las misiones de Semana Santa inician propiamente desde la quinta y última semana de Cuaresma. Esta primera semana suele tener en las comunidades un matiz de ambientación y preparación para celebrar la Semana Mayor. En ella, efectivamente, solemos visitar a las familias e impartir ejercicios espirituales.

En la Semana Santa realizamos un trabajo de evangelización más intenso, particularmente con los jóvenes, para quienes ordinariamente organizamos la Pascua Juvenil. Durante el Triduo Pascual expresamos litúrgicamente la vivencia de nuestra fe.

Algunos seminaristas llevan a cabo esta experiencia de apostolado en la Zona Metropolitana de Guadalajara,  otros saldrán a destinos foráneos dentro de la diócesis, inclusive, algunos de ellos prestarán sus servicios en comunidades de otras diócesis como, por ejemplo, Nogales.

La experiencia de misión es un momento que anhela todo seminarista, pues es muy importante vivir estos días en compañía de la gente.

La primera emoción de un seminarista, previo a las misiones de Semana Santa, es de cierta ansiedad de saber ¿a dónde irá y con quién?

Cuando aparecen publicadas las listas con esta información, es común que  investiguemos –por internet o por otros medios- acerca del destino a donde iremos, pero permanecen la emoción y el nerviosismo pues, ordinariamente, no conocemos a las personas de las comunidades, su modo de pensar, e incluso, su modo de comer. Una vez estando en el lugar, no es raro que terminemos enamorándonos de la comunidad, al punto casi, de no querer que termine la misión. Tampoco es raro que, debido a la gran cantidad de comunidades que hay que atender, al seminarista le toque permanecer solo en alguna ranchería o ejido.

Somos conscientes de que, en estos días santos,  no somos los únicos que salimos de misiones; grupos provenientes de colegios, institutos de vida consagrada, parroquias y movimientos laicales, acuden también a realizar trabajos apostólicos. Pidamos por todos ellos, y pidamos unos por otros, para que esta temporada de misiones de mucho fruto para la salvación de las almas y la gloria de Dios.

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