¿Artesanos?… Más bien, Artistas. Don José Bernabe, orgullo de Tonalá y de Jalisco

José de Jesús Parada Tovar

Don José Bernabe, orgullo de Tonalá y de Jalisco

Desde su más tierna infancia, Dios le dio el Don de la creatividad y habilidad artísticas, por lo que hasta su muerte, acaecida a finales del reciente año 2018, se adueñó y ameritó siempre, con absoluta propiedad, el título de Don, prefijo señorial de su nombre: José Bernabe Campechano, Artesano (así, con mayúscula) tonalteca, cuya firma quedó plasmada en obras perfectas que han sido premiadas o son exhibidas en distintas latitudes.

Rutas paralelas

Justo es recalcar que, en términos generales, el gremio de los Artesanos es unido y solidario, en razón de la ancestral vinculación de las familias y la tradición transmitida por generaciones. Al efecto, con agrado traigo a colación una entrevista que le hice a Don José, a inicios de marzo de 2016, al inaugurarse, en el Centro Médico del IMSS, una Exposición de la obra de otro gran Artesano: Don Nicasio Pajarito González:

“Si tenemos 80 años Nicasio y yo, puedo decir que lo conozco desde hace 75, porque él, del pueblo de El Rosario, visitaba familiares de San José de Tateposco; luego se vino al Barrio Cuarto, de Tonalá, donde nos conocimos, porque ahí vivían nuestros abuelos. Los dos venimos de familias de campesinos, de alfareros y artesanos”.

Vale apuntar que ambos, secundados por sus hijos y nietos, siguieron creando obra por largos años o asesorando a su descendencia a últimas fechas, al tiempo que compartieron espacio en múltiples Exposiciones colectivas. Incluso, convocados a principios de la segunda década de este Siglo XXI por el Sr. Cura Gerardo Aviña Ortiz, entonces Párroco de Nuestra Señora del Rosario, en el poblado del mismo nombre, participaron en la elaboración de espectaculares Murales, adaptados en el interior de un recinto para gavetarios.

Recordó el Padre Aviña: “Por las estrechas y ya insuficientes dimensiones del original Templo Parroquial, empezamos la construcción de un nuevo Templo, aledaño, dedicado a “El Señor del Alfarero”, y en su sótano habilitamos un amplio columbario para 900 nichos, con la idea de ornamentarlo con Arte Cerámico Funerario. Entre Don José, Don Nicasio y su hijo Pedro, convidaron a otros artesanos para que realizaran su trabajo; por ejemplo: Fernando Jimón Melchor, Antonio Mateos Nuño, Jesús Guerrero Santos y Tere Durán Sandoval”. La Familia Bernabe dejó plasmado ahí, en técnica de petatillo -su especialidad-, un Mural que representa a San Rafael Arcángel, Patrono de los Caminantes, empleando para ello 400 mosaicos debidamente abrillantados, luego de pasarlos por fuego a más de mil grados centígrados. Por cierto, por vez primera, al menos en la Arquidiócesis de Guadalajara, la Artesanía fue integrada al Arte Sacro.

También cabe indicar mi particular satisfacción de haber conocido a estos dos personajes como infaltables representantes de la Artesanía en el Consejo Estatal para la Cultura y las Artes, CECA, donde coincidimos, yo en nombre del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión, en el sexenio del Gobernador Francisco Ramírez Acuña, de 2001 a 2007.

 Abriendo brecha

Continúa el relato de Bernabe Campechano: “Yo fui muy inquieto en dar a conocer lo que hacíamos en mi familia. Para nosotros no fue difícil aprender y continuar la tradición. Poco a poco logré meterme al Instituto de la Artesanía Jalisciense (hoy desaparecido entre los Organismos Públicos Descentralizados), y logramos introducir obra al edificio que, por iniciativa del Presidente Adolfo López Mateos, realizó el Arquitecto Ramírez Sotomayor -al interior del Parque Agua Azul-, quien recorrió pueblos y me pidió contactar con artesanos. Fue como le arrimé a varios de Tonalá, de San Gaspar, Zalatitán y El Rosario.

“Al principio, las reuniones tenían un cierto tinte político, pero siempre pugné por conjuntar las mejores muestras, desde faroles y jarrones hasta botellones y jarritos; de todo. El Arquitecto me agarró como caballito de batalla y me llevó a exponer trabajos en muchas partes del país y del extranjero, y yo siempre convidaba a Nicasio. Nuestro primer comprador fue don Juan Aldana, y en ese tiempo nos tildaban de locos porque la docena de botellones, que se tasaba en 10 ó 15 pesos, nosotros vendíamos a 25 pesos cada uno.

“No crea, a mí no me han querido muy bien porque siempre he sostenido que debemos cobrar bien nuestro trabajo. Y, ni modo, sigo siendo el más caro de todos. Pajarito, batallándole, fue metiéndose poco a poco y abrimos brecha, siempre juntos. Luego crecieron nuestras familias, y sus hijos y mis hijos prosiguieron el mismo camino y hacen cosas maravillosas”.

 Algo de reclamo

Con voz calmada pero firme, refería y cuestionaba: “Hay piezas mías en importantes Museos de Estados Unidos, de Alemania y España. ¿Cómo es posible que en otras partes tan lejanas tengan conocimiento de nosotros, y en México no haya reconocimiento? Y no sólo para uno como indio, sino al hecho de que haya sobresalido después de tantos años de trabajo, y que es extensivo al pueblo mexicano y a su Artesanía. Porque, con mi rúbrica en cada obra, yo presumo a Tonalá en Jalisco, a Jalisco en México, y a México en el mundo. Pero aquí se les hace muy caro.

“Los invito a que vayan a mi Taller para que vean cómo es el barro, cómo se pinta, cómo son los tornos y cada pieza en su elaboración; para que observen exactamente la labor que conlleva cada pieza. La especialidad de Nicasio es el barro canelo; la mía es el petatillo. El barro canelo es para decoración y, en algunos casos, para contener agua. Incluso, el barro que no está bien cocido produce un olor fantástico por el efecto del agua en su interior. Es más, antes se le llamaba, al barro canelo, loza de olor. De hecho, son fabulosos los botellones porque mantienen fría el agua y con grato aroma.

“Lo nuestro es muy importante porque, al principio, lo destinábamos al servicio doméstico: ollas, platos, jarros, cazuelas. Por eso Tonalá cobró fama. La primera loza de petatillo que se desplazó a Guadalajara en el Mercado de San Juan de Dios e incluso en San Pedro Tlaquepaque, provenía de Tonalá y era muy solicitada. La gente decía que era de Guadalajara o de Tlaquepaque; pero no, venía de Tonalá que, por cierto, es más viejo que Guadalajara. Claro, Tlaquepaque y Guadalajara poseen obra artesanal de calidad y fama, pero el origen de la loza de servicio se remonta a Tonalá”.

Tarea sofisticada y adictiva

Profundo conocedor y convencido de lo heredado y heredable, Bernabe Campechano en ningún momento titubeaba al hablar de su materia, como tampoco de los adversos contextos que implica la fidelidad y la superación en un trabajo por vocación: “El barro es el mismo, pero el canelo se quema a unos 600 ó 700 grados centígrados de temperatura, mientras que el petatillo exige dos quemadas: de 900 grados la primera, ‘de sancocho’, y la segunda, para darle el brillo, es de 1,180 grados, y es la más bonita e importante porque hace que la loza dure y puedan dársele diferentes usos. Implica una elaboración más sofisticada, pues cada puntito o rayita se hacen a mano. Es cuando el que ve el trabajo lo valora mejor. A quien afirme que el barro no vale, yo le digo que le regalo un costal llenito, ¡a ver qué hace con él!    

“Con mi familia hago un equipo completo. Contando a mi esposa, somos diez, y todos pintamos. Mis hijos tienen estudios diversos, pero todos vivimos de lo mismo porque ésta es una profesión noble y elevada. Regularmente atendemos visitas de Universidades de aquí y de varias partes del país. Ahora buscamos el reconocimiento de un registro como marca específica y valorada.

“Sí hemos tenido desde el principio apoyos del Gobierno para presentar Muestras en importantes Museos y Casas de Artesanías de Jalisco y del país, pero se han dado premios y reconocimientos a artesanías y manifestaciones nuevas, como el maché, ciertamente merecidos pero sin valorar los méritos más antiguos. Fuimos pioneros en promover Concursos y Premios. Han galardonado piezas nuestras desde las Primeras Fiestas de Octubre, así como en Tonalá, Tlaquepaque y en Michoacán.

“Hace más de 30 años en Tlaquepaque, promovimos, nada menos, el Galardón Presidencial, que nunca se nos ha acreditado, por cierto. Pero no le hace; mi satisfacción principal es que tienen obra mía, y hasta con foto, en Japón, en China, en Europa y Estados Unidos, lo cual muy pocos pueden presumir. Mientras tanto, mis hijos y yo seguimos innovando diseños, colores, esmaltes, haciendo mejores cosas con ayuda de excelentes ceramistas y de Ingenieros Químicos”.

Con todo, a Bernabe Campechano le fue otorgado el Premio “Ángel Carranza”, uno de los más distinguidos y apetecidos, por Trayectoria y Obra en 1989, y volvió a concedérsele en 2003.

En varias Salas del Museo Regional de la Cerámica, en San Pedro Tlaquepaque, al lado de artísticas piezas minimalistas y de gran formato, y de indudable valía, elaboradas por prestigiados Artesanos anteriores y actuales, sobresalen hermosos y vistosos ejemplares que dejó plasmados para la posteridad Don José en petatillo.

¿Qué irá a pasar con el Instituto de la Artesanía Jalisciense, ahora en la lista de desaparecidos como Organismo Público Descentralizado? Ha de admitirse que hubo períodos administrativos de algunos vivales que no tuvieron empacho en aprovecharse del humilde trabajo artesanal de alfareros sin “palancas” ni honrados mediadores, y por ello fueron vergonzosamente engañados, condicionados y timados. Pero, eso sí, los funcionarios revendían el producto a alto costo e incluso lo exportaban. Sin embargo, también hubo servidores públicos honestos que les brindaron capacitación, vitrina y respaldo en comercialización.

Honra y prez de nuestra cultura y tradiciones; modelo del trabajo familiar; paradigma de creatividad, talento y habilidad, no son considerados como industriales; como comerciantes, se les regatea el precio de su producto; se les niega o escamotea el rango de Artistas y, por todo ello, muy difícilmente son sujetos de crédito para financiarles o refaccionarles sus labores. Además, ni en la Educación Media o Superior la Artesanía llega a ser siquiera materia de aprendizaje, a pesar de que hay magníficos Maestros en el oficio.

¿Alcanzará el Proyecto de Refundación de Jalisco o el de la Cuarta Transformación a beneficiar decididamente a los Artesanos?; ¿o seguirán “refundidos” entre los gremios más desprotegidos y como “peones de cuarta”?… Por lo pronto, no cesan de encomendarse a su Patrono Non: “El Señor del Alfarero”, junto a Quien, seguramente, se encuentra ahora Don José Bernabe Campechano.         

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