Suelta la piedra

“El humano tiene que tener el corazón abierto…”,Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

La acción de juzgar es la mala costumbre de enfocar y concentrar toda nuestra atención, tiempo y energía en los errores y defectos del otro, un hábito oscuro y nocivo que nos carcome la consciencia y el sentido común, provoca ceguera mental y arroja a quien juzga a una oscuridad existencial en donde es incapaz de observar otra cosa que fallas y equivocaciones, o que al menos lo son para su mente enferma. Juzgar es hacer menos al otro tratando de sentirnos más y mejores que los demás.

Nos juzgan y juzgamos constantemente, incluso muchas veces sin darnos cuenta del daño que hacemos. Lo peor de todo es que pasamos tanto tiempo juzgando a los demás, que muchas veces no invertimos el tiempo necesario en mirarnos a nosotros mismos y reconocer nuestras propias limitaciones.

Todos hemos caído alguna vez en la terrible trampa de juzgar a los demás. Nuestra boca en muchas ocasiones apesta debido a que hablamos mal de todo y de todos. ¿Quieres pruebas? Piensa en cuántas ocasiones has criticado o hablado mal de la iglesia o alguno de sus miembros y compara eso con las veces en que oras por tus sacerdotes. Piensa en las parejas que con los amigos hablan pestes de marido o mujer. O qué me dices de los hijos que envilecen en sus comentarios la preocupación de sus padres, o de esos padres que etiquetan a sus hijos sin siquiera darse el tiempo de conocerlos y pasar tiempo con ellos.

Vivimos en una sociedad donde todo se pone a juicio, menos las acciones, los modos y las formas en las que cada uno opera. Los juicios que hacemos son hacia fuera, pero muy rara ocasión hacia dentro. Pareciera que juzgar es el deporte favorito de muchas personas, ¿también es el tuyo? Quizás ni siquiera te has dado cuenta porque es algo que hacemos casi en modo automático. El problema con esto es que no ayudas ni a quien juzgas ni a ti.

Deja de desperdiciar energía pensando en cómo debería ser la vida ajena y concéntrate en lograr la vida que quieres. Es imposible que alguien que sólo busca lo negativo sea feliz. En lugar de esto, concéntrate en ser una compañía y apoyo para tus seres queridos. No es tan difícil, se trata de ser un soporte y no una piedra en el camino.

Recuerda que “sólo el que carga el costal sabe lo que lleva dentro”. Cada persona vive su propia historia, y la verdad es que todos estamos improvisando en esta vida. Aprendamos a juzgar como Dios lo hace: con el perdón a la vista, con la misericordia siempre disponible. En lugar de juzgar intenta ayudar a las personas que tienes alrededor.

Suelta la piedra y pon en tus manos el corazón.

Facebook: Fernando D´Sandi

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