Jesús nuestra esperanza

Editorial de Semanario #1159

El Domingo de Resurrección,  la liturgia se desborda en 4 Fiestas: La Fiesta de la Luz-y el fuego. La Fiesta de la Palabra e Historia de Salvación. La Fiesta del Agua y del Bautismo y la Fiesta Eucarística de la Resurrección. Estas 4 Fiestas son preciosas y llenas de Esperanza.

La Luz que brilla en las tinieblas, es Jesús y el Reinado de Dios que Él vive y proclama. Es luz para los Pueblos que estaban en tinieblas. No se trata de una salvación meramente individual, sino del Reino de Amor, Justicia y Solidaridad que Dios quiere y que Jesús proclamó.

Jesús, como primogénito de los resucitados, quiere que bajen de la cruz y vayan resucitando a las víctimas de la injusticia, los que de tantas maneras son crucificados, como los migrantes, los pobres, los desempleados, las víctimas de un sistema que los rechaza, por esa gran crisis del egoísmo social. Hay una dimensión social en la Vida, Pasión y Muerte de Jesús.

La Luz y el Agua nos piden personalmente arrepentirnos y dejarnos perdonar y purificar de toda tiniebla y maldad, pero al mismo tiempo nos piden, siguiendo a Jesús, que luchemos contra el pecado del mundo. Jesús es el Cordero que quita el pecado del mundo.

Resucitar con Cristo es morir al pecado, como nos recuerda San Pablo, y es resucitar a una vida nueva como Mujeres y Hombres nuevos a imagen y como reflejo y testigos de Jesús. Esto lo hemos  individualizado, y corremos el riesgo de perder el contenido social que implica lo que Jesús predicó: el Reino de Dios.

Cuando los cristianos decimos con otros muchos, que otro mundo es posible, queremos expresar el sueño y la utopía del Reino de Dios y queremos reafirmar nuestro compromiso para luchar por un mundo más justo, fraterno y solidario como Dios quiere.

San Oscar Arnulfo Romero lo entendió muy bien cuando nos dijo: “Nadie puede decir no me meto, no me comprometo, porque sería mal cristiano y mal ciudadano”.

Jesús ponía la salvación no en los ritos, ni el cumplimiento de multitud de Leyes, sino en el amor a los más desheredados, al pueblo con hambre, al emigrante (Mt 25), al dejado tirado en el camino asaltado y atropellado de tantas maneras (Lc 10). Jesús se atrevía a llamar a Dios “Padre querido” y se presentaba no como un Mesías triunfante con su poder y gloria, sino el Servidor humilde que entrega la vida por los demás.

Jesús nos anuncia un mundo nuevo, el Reino de Dios, Reino de Justicia, Fraternidad y Solidaridad. Y Jesús denuncia todo tipo de injusticias. Anuncia ese mundo que soñamos y que hoy día también se expresa al decir que queremos otro mundo, un mundo nuevo, una sociedad nueva.

Lo que hemos vivido en estas pascuas,  nos invita fuertemente a ser solidarios, participativos como lo fue Jesús, y a vivir y celebrar nuestra Semana Santa en el espíritu con que Jesús vivió. Ya desde el Miércoles de Ceniza debimos decir: me Convierto y creo en el Evangelio  para la construcción del Reino de Dios. Que la resurrección de Jesús,  sea nuestra pasión.

La Liturgia de la noche de Resurrección no es un espectáculo;  es la expresión de nuestra Fe en Jesús resucitado y en la vida digna, resucitada, que Él quiere para toda la Humanidad.

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