Audio: 500 años de educación cristiana y asistencia hospitalaria

Entrevista Dr. Sergio Rosas

Los españoles buscaban territorios y riquezas pero también ganar almas para Cristo. La ilusión de los primeros evangelizadores era crear un mundo nuevo para expandir la cristiandad.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

“A 500 años de la llegada de los primeros evangelizadores a América, se puede hacer ya un balance muy puntual sobre los aportes que en términos educativos y de asistencia social hicieron”, así lo refiere el Dr. Sergio Francisco Rosas Salas, Licenciado en Historia por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Doctor en Ciencias Humanas por el Colegio de Michoacán, especialista en historia religiosa.

Herencia de tradiciones y de fe

Y es que en 1519 se celebró la primera Misa en territorio continental y “a partir de allí las civilizaciones mesoamericanas entraron en contacto con un mundo muy distinto pero que ciertamente, más allá de los afanes de expansión de dominio y de riqueza, tenían también una enorme tradición cultural que es algo que quedó aportado para el resto de los años por venir, y que se refleja en un ejemplo muy claro, que es el uso del español y por supuesto en la presencia de la religión católica y de la fe católica en nuestro pueblo que es además, aún hoy, a pesar del crecimiento de otras denominaciones religiosas, la principal fe de nuestro pueblo.

“Tenemos que recordar que muchas de nuestras tradiciones, la forma en que vivimos cotidianamente, nuestra vida familiar, los platillos que comemos, el vestido que usamos, finalmente tienen que ver con esta herencia y tradición cultural que vino con ellos. Y la base central de su pensamiento que venía de la edad media, fue el pensamiento religioso; pensamiento que también seguimos compartiendo, muy distinto a lo que ellos creían hace 500 años, pero muy igual en el fondo. Esa es la continuidad de la fe católica”, explica el especialista.

Las semillas del mestizaje

El aporte educativo fue fundamental desde la llegada de los españoles a América. “Desde 1524 se fundó en Tlatelolco, en la Ciudad de México, el Colegio de la Santa Cruz que fue un colegio fundado por frailes franciscanos con un proyecto civilizatorio que a mi particularmente, me parece muy hermoso, que fue, a partir de los niños indígenas que hablaban náhuatl y los niños nobles, que sabían toda la tradición cultural náhuatl, enseñarles latín y griego clásicos, y a partir de ahí, que aprendieran ellos mismos todas las tradiciones culturales europeas para que formaran una mezcla nueva y a partir de ahí surgiera un mestizaje cultural que es el que nosotros vivimos.

“El experimento no funcionó del todo pero se replicó en distintas partes del territorio que hoy es México.

“El primer Obispo de Michoacán, Vasco de Quiroga en el Colegio de San Nicolás, en los colegios pueblo, por Morelia, por Pátzcuaro, también pretendió y de hecho emprendió todo un proyecto civilizatorio cultural que tenía como fin aportarle a los indios el conocimiento de las tradiciones que habían llegado.

“A partir de entonces y en estos primeros experimentos del clero secular y del clero regular, la Iglesia ha tenido un papel fundamental en la educación.

Ejerciendo la gran labor de la educación

“Fundaron por supuesto la Universidad Nacional, la Universidad Pontificia de México en 1564; ya más tardía pero también fundamental, la Universidad de Guadalajara en 1792, en cuya fundación intervino Fray Antonio Alcalde, para que veamos el calado de la presencia católica en la educación.

“Pero no nada más la educación superior fue fundamental. También los colegios de las principales ciudades novohispanas, de lo que hoy son los estados, tuvieron colegios-seminarios que se fundaron a partir de 1640, con la fundación del Seminario Palafoxiano por Juan Palafox en Puebla. Y así distintos Seminarios en Mérida, Oaxaca, Guadalajara, Durango y Monterrey lo que entones era Linares.

“Hubo colegios de jesuitas a lo largo y ancho del país hasta su expulsión en 1767. Colegios de propaganda fide de los franciscanos en Querétaro, Pachuca, la Ciudad de México.

“Y todas las órdenes religiosas: franciscanos, dominicos, mercedarios, carmelitas, mantuvieron escuelas para la alfabetización de los niños. En ese sentido, el aporte es fundamental y a lo largo del siglo XIX con mayor razón, hay una renovación del catolicismo a la luz de los cambios que está trayendo la sociedad liberal y esa transformación también implica la llegada de nuevas escuelas.

“En Toluca el Colegio Literario que fundaron los hijos de San Juan María Claret, es un gran ejemplo.

“Los diversos colegios fueron atravesando por distintos momentos, pero la impronta educativa sigue presente hasta nuestros días, un ejemplo es el vigor de las Universidades católicas y de los colegios católicos en todo el país”.

Las órdenes hospitalarias y de asistencia social

“En términos de asistencia social lo mismo. Los hospitales de Santa Fe de Vasco de Quiroga desde 1531 son fundamentales para la asistencia pública, y hoy mismo los hospitales privados siguen siendo fundamentales.

“Recordemos que en México los hospitales de San Juan de Dios eran importantísimos para los viajantes que iban llegando a distintos puntos del territorio nacional y en general de toda América. Los hospitales a cargo de los cabildos catedralicios en Puebla el de San Pedro, en México el de Jesús María también fue fundamental, entonces creo que sólo tenemos que hacer memoria para tener presente la enorme importancia que la Iglesia católica y los católicos en general, eclesiásticos o laicos, le han prestado a la presencia de la educación y la asistencia social en México”.

La Reforma protestante y la evangelización del Nuevo Continente

“Los españoles estaban convencidos, en el contexto que estaban viviendo a finales del siglo XV, principios del siglo XVI cuando ocurre en encuentro entre los dos mundos, de que tenían la obligación de expandir el catolicismo y eso se alimentó también con la reforma protestante en Europa, el movimiento de Lutero en 1516 que impulsó a los católicos a sostener también su fe y ganar para su propio credo, a las almas que estaban perdiéndose en Europa.

“Los católicos en general, en ese momento estaban convencidos de que no podía haber una civilización que no conociera la palabra de Cristo y no conociera las enseñanzas de la Iglesia.

“En ese sentido los historiadores han venido insistiendo en que es un proyecto milenarista: Tienen que conquistar a todo el mundo y más un mundo nuevo que se ha descubierto recién, para comunicarles la Buena Nueva porque solo de ese modo van a garantizar tres cosas fundamentales: la conversión de todos al catolicismo, evangelizar a todos porque en ese sentido viene a asegurarse el regreso de Cristo, que solo va a ocurrir cuando todos hayan conocido la Palabra de Dios, eso en el pensamiento medieval era importantísimo, y en tercer lugar, una obligación de consciencia; los reyes de España, los religiosos y en general todos los españoles del siglo XVI vieron a la Nueva España como una oportunidad para fundar una nueva sociedad cristiana.

Un nuevo mundo para Cristo

“Los afanes de los católicos frailes, fray Bartolomé de las Casas por ejemplo, son evangelizar a todos para que por primera vez en el mundo, eso a mí me parece maravilloso –apunta el especialista-, se funde una nueva sociedad basada en la justicia y en la palabra cristiana, pues ven que en Europa ya todo se ha vuelto muy complicado y aunque no correspondía con la realidad porque también nosotros teníamos cientos de años de historia mesoamericana, ellos lo ven como un mundo nuevo que se puede formar desde cero.

“Su proyecto evangelizador es enseñar la Palabra de Cristo para que por primera vez se viva, de un modo utópico si se quiere, pero de un modo posible, en la tierra una vida verdaderamente cristiana. Por eso están convencidos de evangelizar, es un compromiso de consciencia.

“Sí vienen por riquezas, por bienes, por nuevos territorios, pero ese proyecto va aparejado con el impulso de la fe católica que es distribuida y se convierte en el sistema de creencias que le va a dar pie al nuevo mundo”.

No todo fue miel sobre hojuelas

Añadió que como es lógico, hubo muchas confrontaciones: “Los mesoamericanos, fueran tarascos en Michoacán, aztecas, tlaxcaltecas, mayas, obviamente como sociedades que también eran religiosas, creyeron que estaban ante el fin de su propio modo de vida, entonces muchas veces ocurrieron enormes excesos en el camino de la conquista porque muchos españoles en lugar de buscar convencer lo tomaron como una obligación.

“Es una historia que no podemos negar, pero es de rescatar la figura de muchos frailes y de muchos eclesiásticos comprometidos con la dignidad del hombre.

“Fray Bartolomé de las Casas, por ejemplo, decía, hay que convertirlos al Evangelio porque es la verdadera fe, pero al hacerlo no debemos olvidar que tenemos que respetar su dignidad como seres humanos.

“Eso es algo que ni los franceses en la Nueva Francia (hoy Quebec, Canadá), ni los ingleses en las 13 colonias con las que fundaron los Estados Unidos defendieron.

“Ellos redujeron a los indígenas alejándolos cada vez más de su propia presencia y encerrándolos en distintos espacios que después se llamaron reservas indígenas.

“Los españoles no, a partir de su fe, sabían que con la evangelización venía aparejada la defensa de la dignidad de los indígenas.

“Ciertamente el proceso fue difícil y hubo hechos de sangre que no podemos olvidar, pero yo rescataría que la evangelización buscó siempre encontrar puntos de contacto entre la religión antigua y la enseñanza de la fe católica, como la fe cristiana que podía también involucrar otros aspectos.

“Tenemos muchísimos ejemplos de frailes que defendieron eso: Fray Alonso de la Veracruz, Fray Bartolomé de las Casas, Fray Bernardino de Sahagún, que recopiló toda la historia indígena, y de Obispos enormes también que defendieron la dignidad de los indígenas y de todo el proceso de evangelización.

“La evangelización como redignificación de los indígenas; creo que eso es importante no perderlo de vista”.

La llegada del Estado laico

“Desde el siglo XIX la laicidad del estado mexicano y la secularización del estado y de la sociedad, se construyó como un enfrentamiento: los liberales triunfadores frente a una Iglesia a la que calificaron de retrógrada, conservadora, enemiga del progreso, etcétera, que pues esa es sólo una versión partidaria y muy falsa del papel de la Iglesia en la sociedad.

“Evidentemente frente a eso la Iglesia se refugió muchas veces en las parroquias y en efecto, hubo eclesiásticos que reaccionaron de un modo tremendamente conservador. Sin embargo, ese no es el principal papel histórico que la Iglesia ha jugado.

“Creo que la oportunidad que nos tiene que brindar hoy la laicidad es reconocer la pluralidad de la sociedad mexicana, pero que esa pluralidad también le dé completa libertad a la fe católica para subrayar la importancia que tiene su labor educativa para aportar con el mismo propósito que muchas otras denominaciones o creencias, que es mejorar el nivel de vida y el estatus social de los mexicanos.

“Desde un punto de vista personal creo que los católicos tenemos que aprovechar la laicidad del estado mexicano para defender el espacio, a partir de los poderes de libertad que otorga el pensamiento, para que el catolicismo pueda finalmente emprender lo que cree como mejor, que en su labor formativa, es fortalecer la defensa de los derechos humanos, creo que esa es una trayectoria histórica de la educación cristiana en México. La Iglesia católica siempre ha defendido la dignidad del hombre y esa es una tarea que no podemos perder de vista.

“La laicidad es difícil de aceptar para muchos católicos, pero creo que tenemos que verla como una oportunidad, como la oportunidad de que nadie puede criticarnos en el ejercicio de nuestra fe,  y también tenemos no solo la libertad absoluta de predicar nuestro credo sino también la dignidad del hombre, que es uno de los pilares centrales del catolicismo a la sociedad contemporánea”.

Colegio de la Santa Cruz Tlatelolco fue la primera institución de educación superior de América, preparatoria para la universidad, destinada a los indígenas. Fue el centro más importante de las ciencias y las artes durante la primera mitad del siglo XVI en la Nueva España.

Todavía queda por hacer

Apuntó que aunque el proceso de evangelización no ha concluido, “nadie puede dudar de la sinceridad religiosa de nuestro pueblo, eso sería un error. Los católicos mexicanos ejercen su fe como una esperanza cotidiana. En ese sentido, la evangelización está completa.

“El hecho de que la Iglesia siga ejerciendo una tarea evangelizadora, no significa que el proceso de evangelización esté inacabado sino que debe ser constante.

“El Concilio Vaticano II nos enseñó que somos una Iglesia peregrina en la tierra y en ese sentido de peregrinos en búsqueda de la verdad, la evangelización debe ser una tarea perenne de la Iglesia”, concluyó el doctor Sergio Rosas.  

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