¿Cheque en blanco?

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

Pedir pruebas, exigir que se cumpla irrestrictamente la ley, esperar resultados concretos, denunciar el nepotismo, etc. no es estar en contra del que gobierna, sino garantizar que no entre la corrupción en el corazón de quien se ha dicho siempre insobornable e incorrupto.

La declaración de la propia honestidad y el deseo de desaparecer la corrupción no es garantía de que ello suceda, al contrario, puede ser factor de la más grande corrupción. En el caso de quien ostenta el poder no bastan las declaraciones, hay que apegarse por completo a la ley, ser el primero en respetarla y en someterse a su autoridad, que siempre debe ser superior al mismo gobernante, a no ser que sea una ley espuria contra la verdad o la dignidad humana. La pura consciencia moral de honestidad no puede, en un estado de derecho, ser la justificación para colocar en puestos importantes a los amigos o correligionarios, aunque no tengan la capacidad; tampoco se puede, a partir de ese supuesto moral, juzgar a los adversarios aunque sea “con todo respeto”, porque no se puede ser juez y parte, porque no se puede atribuir funciones y competencias que le tocan al poder judicial y no al poder ejecutivo. No basta el confesarse incorrupto y honesto para  hacer uso de atribuciones de las instancias reguladoras para exponer públicamente a empresas  prestadoras de servicios o instituciones. Así no se acaba la corrupción, así se acrecienta.

México está viviendo un período de grande esperanza por el gobierno de la 4T y, hay motivos para mantener esa actitud esperanzadora y el deseo de un futuro mejor para nuestra patria, pero, como ciudadanos, no podemos firmar un cheque en blanco a quien nos gobierna, aunque sea y siempre haya sido una persona honesta, porque desde el trono las visiones cambian y, todo ser humano es proclive a corromperse y dejarse ganar por el poder. Cuando se cree que el gran líder admirado, que está al frente, es incapaz de hacer el mal, se le está abriendo la posibilidad misma de hacerlo; hay que ponerle freno, hay que exigir que cumpla sus obligaciones y se someta a la ley.

Como ciudadanos no podemos aplaudir actos valentones de “me canso ganso” con los que se humillan o desacreditan otros poderes o contrapesos, no podemos permitir nunca que so pretexto de hacer el bien se incumpla la ley o se la “pase por el arco del triunfo”, no podemos pensar en el éxito del gobierno sólo en el beneficio personal que recibimos del Estado, sino velar para que a todos los mexicanos nos vaya bien, que todos podamos estar protegidos por leyes justas que se respeten, se apliquen y sean el eje de toda transformación social.

Firmar un cheque en blanco al que gobierna por su carisma o por su supuesta calidad moral nos puede conducir a grandes males como los han visto los pueblos que, en su momento, aplaudieron a Mussolini, a Hitler y, más recientemente, a Maduro.

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