Feliz retorno de la Caligrafía

Rafael Ramírez Lira

La perfección de la letra es posible encontrarla en la computadora; pero el sello, el detalle fino y personal, sólo lo da la Caligrafía, porque añade, al trazo de la letra, la calidez de un sentimiento.

No estaba yo consciente de mi cualidad para escribir. De manera ordinaria, sabía juntar las letras, formar palabras y darles forma ágil y desplegando rasgos. Me hizo caer en cuenta un señor que supo de aquella habilidad que yo había desarrollado. Quería él agradar a su esposa con motivo de 50 años de matrimonio, y durante esos años había entramado unos versos con el amor que reinó en su hogar, con las luchas que enfrentaron juntos, con las ilusiones que vinieron con los once hijos que procrearon, y con los proyectos que animaron su vida. Unos versos cargados del sentimiento que nadie más podría haber escrito.

Experiencia, amor, desamor, encuentros, sonrisas, ilusiones e historia extraordinaria de una familia ordinaria. Eso escribía en sus versos. Quería él leer su obra el día del festejo bien ganado por medio siglo de vida juntos y bendecidos con tantos frutos. Pediría un momento al final de la Misa de Acción de Gracias para honrar el amor a su esposa, a sus hijos y el testimonio del cariño que los había unido.

Traía una hoja cargada de años. Algún día fue blanca; ahora ya se pintaba en amarillo y la letra negra con pluma en unas líneas; en otras, correcciones hechas con lápiz. Sin duda, la misma hoja sirvió de inspiración en muchas ocasiones, tal vez con la musa que alentó un vino, el calor de algún tequila, y siempre fundido en los recuerdos. Así, en largo tiempo fue dando los detalles a sus versos.

Era tal su satisfacción por llegar a las Bodas de Oro Matrimoniales, como era también el dar a conocer su obra. Quería la sorpresa, la sonrisa de su anciana esposa, ganar el reconocimiento de sus hijos, nietos, bisnietos, y leer sus versos a todos. Obra excelente, traspasada por calendarios y sentimientos.

Quién sabe en qué lugar, que nunca supe, dio con mis datos, sabiendo sólo que mi letra era el complemento para su historia. Así tocó a mi puerta, y los dos nos llenamos de sorpresa. Él, por encontrar quién pusiera sus versos en rasgos elegantes como su historia misma, y yo por tener ante mí la posibilidad de conocer a un anciano pleno de bellas vivencias.

Los dos nos pusimos a trabajar. Él, mirando estilos de letras, y yo inspirándome en sus versos. Yo, que había leído y aprendido poemas de diferentes tipos y autores, no veía semejanza, pero sí ventajas. Era la calidad de un poeta de la vida y creyente de la bondad del matrimonio con sus experiencias.

Me dejó aquel papel tan bien cuidado con dobleces, y el encargo de hacer una letra acorde a la inspiración que movió sus versos. ¡Vaya tarea! Cada palabra iluminaba los rasgos de mi pluma. Aparecían las letras y surgían líneas inesperadas haciendo giros, caídas y florituras.

Por fin llegó el día. Don Ramón regresó puntual y ahora lo vi cargado de una especial sonrisa, como la que surge de la satisfacción profunda. En una hoja muy blanca de opalina fina destacaban los rasgos de sus versos en la Caligrafía elegante, remarcada con un negro contrastante.

Un silencio hizo borrar el tiempo. Él miraba absorto la transformación de su poema. Leía, volvía a leer, y sus ojos verdes se humedecían de cuando en cuando. Suspiraba y volvía a las letras. Lo vi muy respetuoso de aquel tesoro. Lo acercaba a la luz que entraba por la ventana, miraba los detalles, y seguro que soñaba en aquel silencio.

Tal experiencia fue para mí el inicio de un trabajo que después me ha redituado más satisfacciones. En cuanto a él, luego supe que mereció el aplauso de todos los que pudieron escucharlo, y se colocó en un marco dorado su gran obra de poeta. Yo orgulloso, supe que mi letra guardó para siempre los sentimientos que en una vida familiar hicieron historia. La escritura da a la belleza el boleto para hacerse eterna.

Placentero redescubrimiento

De ese modo fue mi primer encuentro serio con la capacidad de hacer hermosos los signos del Alfabeto. Por eso los antiguos griegos le llamaron Caligrafía, por la belleza de la letra. Y ello me llevó a buscar más técnicas para mejorar mi habilidad y gusto para este arte. Me di cuenta de que la Caligrafía dejó de ser una práctica antigua, pasada de moda, con la vuelta a su uso en numerosos países como diseño gráfico, como arte y como efectivo medio de autoexpresión.

La ventaja es que ahora, quienes disfrutamos haciendo Caligrafía, no estamos limitados por los escenarios sombríos que conocemos de los escribanos que hacían en los Conventos aquellos libros corales o los manuscritos con delicada ornamentación, ni nos acotan los materiales para realizar los detalles de la letra.

Superamos a los romanos, que dejaron testimonio de su cultura y de su gusto por este arte en diversos materiales, desde la dura roca hasta la pluma y el pincel.

Es tan amplio el campo de la Caligrafía, que no basta el dominio de una técnica. Cada día hay detalles por conocer, dominar y practicar. Es un arte en evolución constante y muy ligado a las más variadas expresiones culturales. En un constante vaivén, surgen estilos, se forman calígrafos y van desde el interés por lo clásico a la creación de corrientes de especial galanura, con ascendentes y descendentes que dan lugar a florituras en una letra con usos oficiales.

Hay un especial gusto por la Caligrafía en Estados Unidos, Europa, Asia y Australia, donde han surgido numerosos calígrafos y se rebasa el potencial comercial en el diseño gráfico para abrir espacios como forma de expresión artística, y como tal es valorada.

El detalle de la Caligrafía es ahora muy apreciado y aporta una satisfacción adicional a quienes, en la elaboración de sus invitaciones para ceremonias, consideran este elemento como algo de valor agregado al pliego invitatorio, toda vez que lleva algo muy personal en cada letra. Ese valor es precisamente el que no puede dar la perfección de la computadora.

Se trata de un detalle que distingue a cada invitado y también a quien lo da. Es la Caligrafía un maravilloso estilo de hacer que trascienda un poema propio, una frase, un saludo o una muestra de cariño. Es la vuelta hacia lo cálido y personal, con sentido artístico.

“Una canción se disfruta… una frase se recuerda, se hace inmortal… la bella letra, inspira.”

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