El camino de la Cruz

“La cruz es la escuela del amor”, San Maximiliano Kolbe

Fernando Díaz de Sandi Mora

El dolor y el sufrimiento acompañan la vida de todo ser humano. Nada es tan real y constante como los cambios en las distintas etapas de nuestra vida. Algunos cambios nos agradan, nos hacen fluir y pasar por momentos que desearíamos se prolongaran, que nunca terminaran. Sin embargo, hay otros momentos, algunos instantes de la realidad humana en la que nos vemos arrinconados, exigidos, despojados ante situaciones que nos rebasan y parecen robar todo sentido a nuestra propia vida. Es donde nos asalta el miedo, la angustia, la incertidumbre, y con ello, el dolor y el sufrimiento.

Al sufrimiento le sacamos la vuelta, lo vemos como una interrupción poco grata del viaje hacia la felicidad. Así que lo combatimos, lo reprimimos, lo medicamos o buscamos soluciones rápidas y fáciles para deshacernos de él, pero casi siempre lo hacemos sin aprender una lección, sin darle un sentido, un “para qué” que nos permita una transformación real, un sentido a tanto dolor, transformando nuestro dolor en acción y nuestras lágrimas en crecimiento.

Lo bueno de lo malo, es que el sufrimiento adquiere un sentido en la Cruz. El Maestro ofrece un sentido del dolor en cuatro direcciones, cuatro beneficios del sufrimiento que pueden transformar la vida: sabiduría, resistencia, compasión y un profundo respeto de la realidad.

La sabiduría emerge de la experiencia del sufrimiento. Cuando las cosas van bien, raramente nos detenemos a cuestionarnos sobre nuestras vidas y nuestras dificultades. Una situación difícil, sin embargo, suele obligarnos a salir de nuestro estado inconsciente, haciéndonos reflexionar sobre nuestras experiencias.

El sufrimiento puede hacernos más resistentes, más capaces de superar las dificultades. Del mismo modo que un músculo, para fortalecerse, tiene que sufrir, nuestras emociones, para vigorizarse, también deben soportar cierto grado de sufrimiento. Sufrir nos ayuda a compadecernos, a conectar con otros que sufren, para ser compasivos, empáticos, solidarios.

Uno de los beneficios más significativos del sufrimiento se encuentra en que genera un profundo respeto por la realidad. Si bien una experiencia feliz nos conecta con el ámbito de posibilidades infinitas, una experiencia dolorosa nos recuerda nuestras limitaciones.

Es tiempo de voltear hacia la Cruz, mirar cara a cara al dolor de nuestra vida, pero también el dolor de este mundo: los que pasan hambre, los que son discriminados por su color o su religión, los que son abusados y maltratados, los que sufren ante lo absurdo de una guerra, los que sufren una enfermedad. Mirar desde la Cruz nos ayuda a comprender y a conectar con el dolor de los demás.

Abraza tu Cruz, úsala como un camino para elevar tu vida a otro nivel. Sube a la Cruz y desde ahí podrás observar con mayor claridad que hay mucho por hacer, que tú puedes ayudar a que otro la pase mejor.

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