La violencia contra las mujeres en Jalisco

Jorge Rocha

Hace unos días en las puertas de Casa Jalisco, lugar donde vive el gobernador del estado, Enrique Alfaro Ramírez, Vanesa Gaytán fue asesinada por su esposo. Se supone que contaba con medidas de protección del Gobierno de Jalisco frente a la violencia que sufría por parte de su pareja… evidentemente no funcionaron y se consumó un asesinato atroz frente a la misma casa del Gobernador.

Se ha vertido en la opinión pública información sobre el caso, incluso hay un video que circula en redes sociales, la Fiscalía del Estado dio a conocer cómo acontecieron los hechos, y grupos feministas de la ciudad mostraron su repudio ante semejante acto de violencia, y exigieron, a Enrique Alfaro, respuestas efectivas ante la violencia que sufren las jaliscienses. El mismo gobernador replicó que este asunto también es un problema social amplio y profundo.

Situaciones tan lamentables como estas, nos deben llevar a amplias reflexiones en torno a las causas que dieron, como fruto, este asesinato (y muchos más), donde las instituciones fueron rebasadas y no pudieron cumplir sus funciones. Además, es claro que, sin eximir de responsabilidades al gobierno de Jalisco, es cierto que tenemos un clima social que permite y no sanciona la violencia contra las mujeres. Así las cosas, van algunas pequeñas reflexiones en torno a este terrible caso:

  1. A través de los años, en los que se hizo caso omiso a investigaciones e informes de organizaciones civiles que mostraban la gravedad del feminicidio, se fueron  construyendo instituciones gubernamentales sin capacidades reales para contener la violencia, y garantizar de forma efectiva los derechos de las mujeres. En el discurso había una férrea defensa a la necesidad de una vida libre de violencia para las jaliscienses, pero en la práctica no se tradujo en protocolos, procesos, capacitación, presupuesto, políticas públicas, incluso, legislación adecuada que ayudara a prevenir y sancionar la violencia hacia las mujeres que viven en la entidad. El caso de Vanesa Gaytán muestra esta realidad, que es imperante revertir. Se anuncia que habrá mesas permanentes de trabajo pero, me parece, este asunto implica, además, una revisión profunda de las capacidades instaladas para encarar este grave problema y empezar a fortalecer los espacios y procesos que ayuden resolver este asunto que lastima tanto a las y los jaliscienses.
  2. Repito que, sin eximir de responsabilidades a los distintos niveles de gobierno de este asunto, es necesario impulsar la creación y la vigencia plena de protocolos de detección y sanción de la violencia hacia las mujeres en todas las instituciones de Jalisco, públicas y privadas, empresas y universidades, gubernamentales y sociales, es decir, en cualquier ámbito donde se puede presentar este problema. Una de las grandes virtudes del movimiento #Metoo en México y Jalisco, fue visibilizar las múltiples formas como se reproduce la violencia hacia las mujeres en prácticamente todos los espacios sociales. Es por ello que se tiene que generar un proceso muy amplio al respecto.
  3. También es cierto que, en muchas de nuestras comunidades y espacios de interacción, se siguen tolerando expresiones, hábitos y prácticas que normalizan la violencia hacia las mujeres. Tanto hombres como mujeres debemos formarnos para alertarnos de esta normalización y tenemos que reconstruir nuevas formas de relación entre nosotros, para que el trato entre mujeres y hombres sea más respetuoso, igualitario y que esté dentro del marco del respeto a los derechos de las mujeres. Esta labor es posible que nos lleve décadas, pero por esta misma razón no se puede postergar y tenemos que empezar de inmediato en todas las esferas sociales.

El asesinato de Vanesa Gaytán es una fuerte y perturbadora llamada de atención a todo Jalisco para atender el grave problema del feminicidio, no es posible seguir enfrentando este asunto como se ha hecho hasta ahora, ya que es claro que los resultados no son los que esperamos.

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