México cuenta con nueva beata laica, ejemplar madre y esposa: Conchita Cabrera

Sonia Gabriela Ceja R. / Rebeca Ortega C.

El sábado 4 de mayo, en punto de las 12 del mediodía, la Basílica de Guadalupe, en el Tepeyac, en la Ciudad de México, se convirtió en escenario de la beatificación de María Concepción Cabrera Arias de Armida, quinta mexicana en alcanzar los altares y que desde ahora, puede ser venerada en todo México.

La celebración fue presidida por el representante del Papa Francisco, Cardenal Angelo Becciu, prefecto para la Congregación de las Causas de Santos. Asistieron además, unos 70 Obispos tanto de México como de países donde tiene presencia el apostolado de Cruz, así como unos 500 sacerdotes, además de algunos familiares que le sobreviven a la beata Conchita, entre ellos, tres nietos y una religiosa sobrina nieta.

Una gran mujer como ejemplo para México

La ceremonia comenzó con las palabras del Papa Francisco: “La Santidad es el rostro bello de la Iglesia”, luego, se definió Conchita como una esposa amorosa, compañera fiel de su esposo Francisco de Armida, “cariñosa y solícita madre de sus nueve hijos. Mujer apasionada y profunda, con gran capacidad de relación; siempre pronta para poner en acción lo que Dios le iba indicando. Dócil al Espíritu Santo, quien la convirtió en una hoguera para incendiar a miles de personas, especialmente a los sacerdotes ministeriales.

“Dios Padre la miró con inmensa ternura y le entregó a su Hijo para que, encarnado místicamente en ella, se convirtiera en puente de comunión entre Dios y la humanidad, en canal de gracia y salvación para el mundo”, se aseguró.

“Con la vida y los escritos de María de la Concepción Cabrera, Dios regaló a la Iglesia la Espiritualidad de la Cruz, simbolizada en la Cruz del Apostolado. Esta espiritualidad es camino de santidad; vivámosla según nuestra personal vocación, y en las circunstancias concretas en las que nos encontremos”.

El rito de beatificación

Inicialmente, el Cardenal Carlos Aguiar Retes, Arzobispo Primado de México, solicitó al Santo Padre, Papa Francisco, la beatificación de María de la Concepción Cabrera, cuya reseña bibiográfica fue leída por el padre Alfredo José Ancona Cámara, postulador de la causa.  


Cardenal Angelo Becciu

Acto seguido, se leyó la Carta Apostólica en la que Su Santidad inscribe en el Libro de los Beatos a la Venerable Sierva de Dios María de la Concepción Cabrera.

“Después de haber consultado a la Congregación de la Causa de los Santos, con Nuestra Autoridad Apostólica concedemos que la Venerable Sierva de Dios, MARÍA DE LA CONCEPCIÓN CABRERA, viuda de Armida, fiel laica y madre de familia, la cual, buscando y siguiendo la Voluntad Divina, dio testimonio de la fuerza salvífica de la Cruz de Cristo, inspirando y fundando varios institutos religiosos y seculares, sea llamada Beata, de ahora en adelante y que, el TRES DE MARZO, día de su nacimiento en el cielo, pueda ser celebrada cada año, en los lugares y modos establecidos por el derecho”, establece la misiva.

Posteriormente fue descubierta la imagen de la nueva beata y se entonó el canto “Tu nombre en mi pecho”, composición de Pablo Barragán y que alude al momento en que Conchita grabó en su pecho el monograma JHS, dando surgimiento, de esta manera a las obras de la Cruz.

En ese momento, la reliquia consistente en una venda con sangre de la nueva beata, fue llevada al presbiterio por una de sus nietas así como por Jorge Treviño, receptor del milagro que le valiera a Conchita el reconocimiento como beata.

Finalmente, el Cardenal Aguiar agradeció a Dios y al Santo Padre.

Con la mente en el Cielo y la mirada en la tierra

Durante la homilía el Cardenal Angelo Becciu, definió a Conchita como “una figura maravillosa, en sus diferentes aspectos de esposa, madre,  viuda, inspirador de institutos religiosos y de iniciativas apostólicas.

“La belleza de la fuerza de su testimonio consiste en el haber escogido desde la adolescencia consagrarse al amor absoluto, Dios. Elegir a Dios como amor absoluto significa abrazar su voluntad que a Conchita manifestó de manera inmediata y clara, ser esposa y madre.

“Al igual que para María, la Madre de Jesús, también para Conchita la felicidad consistía no en seguir sus propias inspiraciones, aunque santas, sino en conformarse en el proyecto que Dios tenía para ella.

“Verdadero modelo de madre, pronta para alentar los aspectos positivos y corregir los defectos.

Nietos de Conchita Cabrera. La religiosa es la M. Guadalupe Labarthe, sobrina nieta

“Hablaba  de Dios de modo convincente y con naturalidad, de modo que se evidenciaba su ardiente amor por Él. Desde su juventud se esforzaba en transmitir fe a los demás.

“De su amor por Dios nacía la continua inquietud por amar al prójimo, difundiendo en todas partes el mensaje del amor de Cristo”.

Abrazaba la Cruz

“No había ningún problema que no tratara de resolver, no había indigencia que no intentara socorrer, incesante era su solicitud con los pobres.

“Se dedicaba con generosidad a las Obras de Misericordia Espirituales, visitaba enfermos y moribundos dándoles consejo espiritual. 

“La Beata María Concepción Cabrera, caso único en la historia de las fundaciones religiosas inspiró y promovió cinco institutos denominados las Obras de la Cruz: dos Congregaciones Religiosos y tres Obras Apostólicas, sin asumir ni el papel de fundadora ni mucho menos la carga y los poderes de Superiora General.

“Cargó cada día su Cruz para seguir a Jesús. Frente al dolor no pierde la serenidad, no se aparta de la confianza en Dios, ella mira el crucifijo como eco fiel de esa Madre Dolorosa, aprende a ofrecer el dolor presentándolo al Padre por el bien del mundo y por la Iglesia.

Su inmenso amor por los sacerdotes y su liderazgo social

“Fue en verdad un alma misionera totalmente entregada a dar a conocer al Salvador, pero su mayor preocupación,  fue por la santidad de los sacerdotes por quienes rezaba y se sacrificaba ¡qué necesaria y actual es esta misión!

Jorge Treviño, receptor del milagro obrado por intercesión de la nueva beata

“En estos últimos tiempos la Iglesia ha vivido momentos turbulentos y lacerantes a causa de los escándalos de Obispos, sacerdotes, religiosos, que han transformado su rostro y socavado su credibilidad.

“Frente a este escenario doloroso algunos fieles han empezado a perder la confianza en la Iglesia, mientras que a otros les han atacado aumentando las heridas. Pero la actitud correcta es la que nos enseña la nueva Beata, sostener con la cercanía espiritual y con la oración a cuantos viven cada día su vocación con fidelidad y con abnegación.

“Los momentos difíciles y dolorosos que le llevaron a configurarse cada vez más a Cristo sobre la Cruz, no le hicieran perder su jovialidad natural. Su casa estaba llena de alegría y de animación, simplicidad, dulzura, afabilidad, eran los principales rasgos de su carácter. ‘Mamá sonreía siempre’, testifican sus hijos.

“Nos encontramos frente a mujer de fuerte personalidad. Una mujer de oración y de celo apostólico que, anticipando los tiempos, encuentra en sí la fuerza moral para imponerse como líder en el campo social y en el ámbito eclesial.

Cardenales mexicanos junto al Cardenal Angelo Becciu y al nuncio apostólico en México Mons. Franco Coppola

“Supo realizar una magnifica síntesis de contemplación y de acción, las figuras evangélicas de Marta y María se encuentran fusionadas y sincronizadas en la esencia de la nueva Beata. Tenía la mente fijada en el cielo y los ojos vueltos hacia la tierra.

“Que con su intercesión, nos ayude a escuchar las actuales voces suplicantes de cuantos experimentan una pobreza espiritual o material y responder a ella con esa fantasía de la caridad que distingue a los fieles discípulos del Evangelio; por eso le imploramos y repetimos Beata María Concepción Cabrera, ruega por nosotros”, concluyó.

¿Quién fue?

María de la Concepción Cabrera Arias de Armida, nació en San Luis Potosí, México, el 8 de diciembre de 1862, en el seno de una familia profundamente católica. Desde pequeña dio muestras de una gran piedad y una honda vida espiritual.

Contrajo matrimonio el 8 de noviembre de 1884, con Francisco Armida García y tuvieron nueve hijos.

El 14 de enero de 1894, con permiso de su director, se grabó en el pecho el monograma JHS; esta fecha se considera el nacimiento de las Obras de la Cruz.

En este mismo año tuvo la visión de la Cruz del Apostolado en el templo de la Compañía de Jesús en San Luis Potosí.

El 3 de mayo del mismo año se plantó la primera Cruz del Apostolado en la hacienda de Jesús María, San Luis Potosí; meses después, recibió la gracia de los Desposorios Místicos.

En 1895 funda el Apostolado de la Cruz y en 1897 fundó la Congregación de las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús.

En 1901, muere su esposo Francisco Armida, y queda a cargo de sus hijos.

En 1903, tiene un providencial encuentro con el misionero francés, padre Félix Rougier, superior de la comunidad de los padres Maristas en la Ciudad de México.

El 25 de marzo de 1906, recibe la gracia central de su vida, la Encarnación mística.

El 8 de noviembre de 1909, al lado del Venerable Ramón Ibarra, Arzobispo de Puebla, funda la Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús, obra laical y el 19 de enero de 1912 la Liga Apostólica (Fraternidad de Cristo Sacerdote), obra para Obispos, sacerdotes y seminaristas que quieren vivir la Espiritualidad de la Cruz.

En diciembre de 1913, se le concede tener en su casa oratorio con el Santísimo Sacramento.

El 25 de diciembre de 1914, con los Venerables Ramón Ibarra y Félix Rougier, fundan, en la capilla de Las Rosas del Tepeyac, la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo.

Del 3 de octubre al 2 de noviembre de 1936, realiza sus últimos ejercicios espirituales en Morelia, Michoacán, con el Siervo de Dios Luis María Martínez, futuro Arzobispo de México y su último director espiritual.

El 3 de marzo de 1937, muere santamente rodeada por sus hijos, asistida por su director espiritual, Monseñor Martínez, por el padre Félix Rougier, algunos Misioneros del Espíritu Santo y algunas Religiosas de la Cruz, en su casa de la Ciudad de México.

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