Entender la historia

Pbro. Armando González Escoto

La historia siempre es algo que se relata fuera de tiempo. No es una crítica, es un hecho inevitable, si es pasado es historia. Por lo tanto, siempre es la gente del presente la que relata lo que aconteció en el pasado, es decir, lo que no vio ni vivió, pero le han contado, o quedó escrito. Y ahí comienza el drama ¿Qué tan segura puede estar de que lo que le contaron es cierto, o de que lo que escribieron es correcto?

Pero, aún si los hechos del pasado son cuidadosamente estudiados y evaluados para dictaminar su veracidad, en ocasiones acaban siendo como un bufet del cual los divulgadores de la historia tomarán solamente lo que les guste, lo que no moleste su apetito, y nos dirán que esa es la única, posible y verdadera historia. A este proceso se le llama “ideologización”, es decir, manejar de tal manera los hechos que se acomoden para hacer afirmaciones actuales que nada tienen que ver con lo que realmente pasó.

Una semejante actuación es deshonesta, ya que en su afán de sostener una versión “oficial” del pasado, acaba mutilando los hechos y deformando las identidades, recordemos que la identidad de una persona y de una sociedad, depende de lo que realmente ha sido, no de lo que, falsamente, digan fue.

En el mundo político, la ideologización de la historia ha sido el pan de cada día. También en el sinuoso mundo de las sectas, que se fabrican orígenes gloriosos que nada tienen que ver con la verdad. Los historiadores denominados “orgánicos”, son aquellos que se ponen a escribir la historia a tenor de lo que les dictan quienes les pagan, por lo mismo están dispuestos a escribir lo que sea, cierto o falso, si eso agrada a su patrocinador. Estos “historiadores” militan en todas partes y en todos los tiempos, incluso quienes mienten por puro gusto, o por así convenir a sus propias ideas. Otros engañan porque ellos mismos están engañados, o porque basan en suposiciones, lo que deberían basar en trabajos serios de investigación.

En la comunidad católica también se han dado historiadores de este tipo, si bien, la tendencia común de estos ha sido convertir la historia en metafísica, es decir, deducir de hechos reales o supuestos, conclusiones extraordinarias que extralimitan sus premisas. Son personas, tan imaginativas, que podrían escribir una suma teológica a partir del relato de Blanca Nieves y de cada uno de los siete enanos; sería legítimo en el campo de la literatura, pero no en el de la historia, mucho menos en el de la teología. No obstante, sus propuestas pueden pasar ante la ausencia de una crítica profunda, seria y objetiva.

La revolución académica, que arrancó la historia de las manos de la leyenda, surgió en Francia a fines del siglo XVIII, y ha seguido progresando, pero no siempre esos grandes logros han llegado hasta nosotros; por eso, hoy estamos recordando la batalla del cinco de mayo, que no impidió la invasión francesa, pero nadie recuerda la batalla del dos de abril, que si puso fin a dicha invasión.

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