500 años de Evangelización: La libertad religiosa que nos proporciona un estado laico

La legislación al respecto es poco clara. Una de las principales amenazas a la libertad religiosa, es la inseguridad que se vive en el país. Los fieles nos estamos volviendo católicos de ceremonias, y los clérigos poco reconocen el riesgo de la desinstitucionalización del catolicismo.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

En entrevista el Dr. Pablo Mijangos González, profesor investigador de la División de Historia del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), explica cuáles son las raíces históricas del Estado laico y la situación actual de la libertad religiosa.

Históricamente, ¿Cómo funcionó durante la época virreinal el binomio Iglesia – Estado? Es decir, la corona española era un “estado” confesional, abiertamente católico, pero ¿Existía esta división entre la autoridad civil y la eclesiástica o eran parte de un todo?

¿A partir de cuándo y por qué se hace esta división entre la Iglesia y un estado “laico”?

“Desde finales del siglo IV hasta el siglo XIX, la regla prevaleciente en la Cristiandad occidental fue la unión entre la autoridad secular y la eclesiástica. Esta unión asumió históricamente distintas formas y, según los tiempos y circunstancias, estuvo más cargada hacia lo secular o más cargada hacia lo eclesiástico.

“Pero tiene usted razón: en tiempos coloniales la Iglesia y la Corona formaban parte de un todo, de una ‘monarquía católica universal’.

“Habría mucho que decir sobre el funcionamiento efectivo de esta relación y sobre sus efectos de largo plazo en la formación de nuestra cultura política y religiosa, y también sería necesario decir algo acerca de los frecuentes conflictos de jurisdicción de la época colonial. No es momento de abordar todos los detalles relevantes. Ahora mismo me interesa subrayar que la separación Iglesia-Estado, la división entre la Iglesia y un ‘estado laico’, es un fenómeno del siglo XIX, que obedeció a varios factores.

“Por una parte, fue una consecuencia de la desconfianza de muchos obispos frente a los gobiernos republicanos y de la auto-afirmación de la Iglesia como una ‘sociedad perfecta’, entendida como una verdadera comunidad soberana dentro del Estado.

“Por otro lado, este fenómeno también obedeció a la dificultad de conciliar los principios del gobierno liberal con ciertas prácticas e instituciones provenientes del estado confesional. Pongo un ejemplo: ¿cómo era posible defender la libertad de imprenta y al mismo tiempo preservar la censura eclesiástica de libros heterodoxos? Finalmente, la separación mexicana (y digo mexicana porque no fue un fenómeno uniforme ni simultáneo en el mundo católico) también fue provocada por el fracaso de las sucesivas negociaciones diplomáticas entre los gobiernos mexicanos y la Santa Sede.

“En otros países de la región, los concordatos permitieron institucionalizar –al menos por algunas décadas– arreglos funcionales de convivencia entre las nuevas repúblicas y la Iglesia Católica. Esa opción fracasó en el caso mexicano”.

¿Qué significa hoy ser un estado laico?

“Aunque se trata de un concepto utilizado todos los días, no contamos con una definición clara y uniforme de ‘estado laico’. Para algunos se trata simplemente de un estado ajeno a las confesiones religiosas, que actúa de manera neutral o imparcial frente a ellas. Para otros, sin embargo, el estado laico implica una cierta militancia ideológica.

“El artículo 3º constitucional, por ejemplo, señala que la educación pública será laica, lo cual implica que se basará en ‘los resultados del progreso científico’ y luchará contra ‘los fanatismos y los prejuicios’, dos palabras que en el viejo lenguaje anticlerical se asociaban con la religión.

“La jurisprudencia de los tribunales mexicanos no ha desarrollado mucho este concepto. Una de las definiciones más puntuales se encuentra en una tesis del Tribunal Electoral publicada en 2011, conforme a la cual el estado laico ‘implica por definición, neutralidad, imparcialidad, más no conlleva una noción de rechazo a las diferentes iglesias o anticlericalismo’. Uno de los fines del estado laico, conforme a esta tesis, consiste en impedir la coacción moral a los ciudadanos y garantizar su ‘independencia de criterio’”.

¿Cuáles son las diferencias y ventajas de un estado laico vs. un estado confesional?

“Definamos al estado confesional como aquel que abraza abiertamente una religión.

“Yo subrayaría dos grandes ventajas del estado laico.

“En primer lugar, es un estado que garantiza la libertad de conciencia, que impide el uso del poder público para favorecer a una confesión religiosa. Para los no creyentes y para quienes forman parte de iglesias minoritarias, el estado laico es una garantía vital e irrenunciable.

“En segundo lugar, el estado laico también supone una ventaja importante para quienes forman parte de la confesión religiosa mayoritaria (que en nuestro caso es el catolicismo).

“Algunos grupos y sectores de la Iglesia Católica recuerdan con mucha nostalgia el régimen confesional: piensan que México es un país esencialmente católico y que por ello el Estado debería favorecer a la fe católica de distintas maneras. Lo que muchas veces olvidan es que la confesionalidad del Estado siempre tiene un precio: el Estado que se asume como protector de la fe siempre termina exigiendo el derecho a intervenir en la vida interna de las comunidades religiosas, lo cual puede ser muy peligroso.

“Además, una Iglesia protegida por el Estado, favorecida por el poder público, pierde cierta capacidad para dar testimonio en situaciones difíciles. El estado laico, entendido como estado neutral, es una condición necesaria para que la Iglesia preserve su libertad y credibilidad en el mundo actual”.

Haciendo un poco de historia ¿Qué pasó en México cuando trató de imponerse una Iglesia oficialista en tiempos de Plutarco Elías Calles?

“Desde antes de la presidencia de Calles, algunos grupos anticlericales y algunos católicos disidentes que simpatizaban con la Revolución comenzaron a resucitar la vieja idea de una Iglesia nacional, es decir, una Iglesia totalmente controlada por el Estado. La realización más visible de esta idea fue la iglesia del patriarca Pérez (José Joaquín Pérez Budar. 1851-1931), que, como sabemos, terminó siendo un fracaso y también un estímulo para la movilización masiva de los grupos defensores de la libertad religiosa.

“Lo más grave de aquella época, en mi opinión, no fue el experimento de iglesia oficialista, sino la verdadera persecución emprendida al amparo de la Constitución de 1917 y la ley reglamentaria del artículo 130 constitucional.

“Durante varios años, el gobierno federal y varios gobiernos locales hicieron todo lo posible para acorralar al catolicismo en la intimidad de los hogares e incluso para extirparlo completamente de la vida social, pues lo consideraban una fuente de irracionalidad y conservadurismo.

“Como sabemos, esto terminó en una verdadera guerra civil que costó más de 200,000 vidas. Se trata, sin duda, de uno de los episodios más obscuros de la historia mexicana”.

¿Qué falta en término de principios democráticos para ejercer una verdadera libertad religiosa?

“De nueva cuenta, aquí es necesario definir primero qué entendemos por libertad religiosa.

“El artículo 24 de la Constitución mexicana la define en términos bastante limitados: se trata de la libertad de ‘tener o adoptar’ una religión, y de ‘participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo’.

“En otros sistemas jurídicos este principio tiene una significación más amplia, pues también comprende, por ejemplo, el derecho a recibir asistencia religiosa en las fuerzas armadas, las cárceles y los hospitales, o el de recibir e impartir enseñanza o información religiosa por cualquier medio.

“Por razones históricas, en México ha prevalecido una visión minimalista de la libertad religiosa, aunque también hay que advertir que el marco jurídico vigente es el más liberal que hemos tenido desde 1859.

“Creo que tarde o temprano vamos a tener que volver a discutir socialmente este tema, analizando las ventajas e inconvenientes de nuestro régimen actual.

“Sospecho que será una discusión difícil, pues los extremos de la discusión tienen exigencias irreconciliables: unos añoran el estado confesional y otros, en el mejor de los casos, quieren reducir la vida religiosa a una oración pronunciada en la intimidad del dormitorio privado.

“Más allá de esta cuestión, quizá el reto más urgente en esta materia tiene que ver con la inseguridad prevaleciente en muchas áreas del país. De nada nos sirve legislar sobre libertad religiosa cuando sabemos de numerosos sacerdotes, organizaciones y comunidades que son extorsionados o atacados violentamente por el crimen organizado. Quizá habría que empezar por lo más básico: no hay libertad cuando no se tiene asegurado un mínimo de seguridad”.

Partiendo de su respuesta: podríamos decir que ¿existe una persecución religiosa en México, actualmente?

“Yo no lo definiría de esa manera. Definitivamente no estamos frente a una repetición o una nueva versión de las persecuciones religiosas del siglo XX. La Constitución y las leyes contemplan la libertad religiosa, y el gobierno no está movilizando sus bases y recursos para intimidar o agredir a los católicos.

“Es cierto que en algunos sectores de la población se respira una atmósfera de crítica y desprecio a lo religioso, pero debe admitirse que esta ‘sacrofobia’ rara vez se traduce en un acoso sistemático contra los creyentes.

“Lo que sí estamos viviendo, sin embargo, son procesos de violencia extrema en muchas regiones del país, donde grupos criminales quieren afirmar su plena supremacía en la vida social. ¿Qué hacen para afirmarse como el verdadero centro del poder? Perseguir o eliminar a personas que gozan de cierto prestigio o autoridad a nivel local. Muchos curas han sido asesinados por esta razón y no necesariamente porque son creyentes.

“Pensemos, por ejemplo, en religiosos que defienden a migrantes o que critican el cobro de extorsiones o la violencia de las bandas criminales. Cuando son asesinados o expulsados, el crimen organizado se reafirma localmente como la única verdadera autoridad y envía un mensaje terrorífico a toda la población.

“Es un fenómeno terrible que no afecta exclusivamente a los curas. Basta pensar que en la celebrada elección del año pasado murieron centenares de candidatos a puestos municipales”.

En este momento histórico de México ¿considera que para la gente es importante profesar una religión? ¿Cree que existe ese sentido de pertenencia a una Iglesia?

“La cultura contemporánea ha disociado la fe religiosa de la pertenencia concreta a una Iglesia. Mucha gente se asume como religiosa y espiritual sin participar necesariamente de la vida de una comunidad concreta.

“En algunos estados del país, como Jalisco o Michoacán, todavía sigue muy vivo el sentido de pertenencia y de comunidad, pero sospecho que se trata de excepciones a escala nacional.

“En la Ciudad de México, por ejemplo, el católico promedio sólo se acerca a los sacramentos con motivo de celebraciones familiares o sociales, y muy rara vez visita su parroquia.

“Puede creer en los santos, implorar milagros en situaciones difíciles y repetir inconscientemente muchos lugares comunes de la cultura católica, pero en su vida diaria difícilmente se identifica con la Iglesia de carne y hueso.

“Como ha señalado María Luisa Aspe, estamos viviendo una verdadera ‘desinstitucionalización’ del catolicismo, y no estoy seguro de que la jerarquía eclesiástica mexicana esté consciente de la magnitud y posibles consecuencias de este fenómeno”.

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