Notre Dame, Nuestra Señora.

“Vuestro país posee numerosos santuarios en los que vuestros fieles gustan orar a la Virgen bendita, su Madre”, Juan Pablo II, en Francia. (Totus Tuus).

Pbro. Germán Orozco Mora

A una semana del incendio de la Catedral de Notre Dame o Nuestra Señora de París, cerca de mil millones de euros habían sido donados para la reconstrucción de este santuario mariano de Europa con antigüedad de más de 800 años.

Entre los primeros en solidarizarse fueron la mexicana Salma Hayek y su esposo francés con algo así como 300 millones de euros; después los propietarios de marcas como Louis Vouiton donarían otros millones.

Lo que supondría una tragedia cultural religiosa internacional se tornó en algo bueno como escribe san Agustín en Los Soliloquios (Siglo IV): Dios que haces que las cosas que están mal no empeoren.

El incendio de la Catedral de París ha sido una lección de solidaridad en un mundo aparentemente secularizado, descristianizado, sin Fe. A diferencia de la tragedia en Sri Lanka donde murieron, entre otros, unas niñas que acababan de vivir su primera comunión. Un crimen contra los cristianos en Semana Santa.

Lo de Francia permite recordar, además de la visitada Catedral que diariamente recibía unas 30 mil personas de todo el mundo, a personajes como Santa Juana de Arco, San Juan María Vianney (El Cura de Ars), San Luis María Grignon de Montfort, Santa Luisa de Marillac, San Isidoro de Lyon; Jean Guitton, Etienne Gilson, Jacquez Maritain, Mounier, Albert Camus; lámparas del cristianismo católico en todos los siglos.

París, refugio de hombres como Nicolás Berdiaev, el filósofo ruso no marxista; o André Frossard, el hijo del fundador del Partido Comunista de Francia que, en el centro de París no creyente, sale convertido de una capillita en la que es revelada la Fe que nunca aprendió en casa, porque como decía Frossard: para nosotros Dios no era un problema, en la familia nunca se hablaba de Él, así nomás. Hasta que se le reveló por gratuidad divina cuando un amigo oró por él; todo lo cual narra en Dios existe, yo me lo encontré. (Rialp, Herder). Libro que leyó el estudiante de filosofía en Lublin, Polonia, Karol Wojtyla. Y que providencialmente en 1979 serían uno Pontífice, y el otro, representante de Francia en la Santa Sede. Historias providenciales.

Es más lo que ignoramos de Francia y de Notre Dame que lo que conocemos, y mucho habría que aprender, pues ese santuario mariano, con el de Nuestra Señora de Lourdes, son admirables por la unión entre Dios, a través de la Madre de Cristo, y su bondad para con los enfermos o necesitados del alma, espíritu, cuerpo y corazón.

Ha sido providencial que en la Semana Santa, cuando muchos no se acuerdan de Dios, muchos, no sólo franceses, pudieron sentir la solidaridad entre las naciones en torno a este Santuario Mariano de Europa, que trajo a la memoria la obra de Victor Hugo: El Jorobado de Nuestra Señora, entre tantas cosas, importantes y bellas, que ha aportado Francia a la humanidad.

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