Identidad, lo que somos

“Dios confía a la mujer y al hombre, según sus peculiaridades propias, una específica vocación y misión en la iglesia y en el mundo…”, Papá Benedicto XVI

Fernando Díaz de Sandi Mora

La fe que se profesa debe manifestarse, hacerse vida en todos los escenarios en que como personas, en individuos nos desarrollamos. Saberse creyente, reconocerse como ese alguien que somos desde la propia y llana naturaleza, y que en el mismo momento de llegar al mundo nos ubica en un cuerpo, un alma y una mente que nos conecta con todo y con todos, todo ello nos dicta un código universal de conducta, de formas de ser y asumir la vida. Las diferencias no son un enemigo a vencer, por el contrario, son la bendita oportunidad de elevar nuestro pensamiento y ampliar nuestra consciencia, sabiendo que el otro, niño o anciano, rico o pobre, gordo o flaco, hombre o mujer, es ante todo persona, un ser humano cuya dignidad reside en ser lo que es, traducido en sus acciones y relaciones personales.

La globalización ha traído consigo un desgaste importante del sentido de identidad. Todavía no somos capaces de mirarnos hacia dentro con respeto, asombro y compromiso cuando ya queremos abarcar la dimensión de otra persona, de la misma naturaleza. De manera soberbia y ante el encandilamiento de los espejismos de libertad que oferta en rebaja el mundo actual, nos damos el lujo de anular y desestimar el sello natural y divino que nos imprime el ser lo que somos: hombre o mujer.

Por moda, tendencia y por evitarse la fatiga de establecer y asumir con responsabilidad, orgullo y voluntad el ser que somos, muchos  juegan a ensayar posturas e ideologías, drogas, consumismo, placeres efímeros, lo que sea que les absorba y les mengüe un poco la insufrible realidad de aceptarse y desarrollarse a plenitud, según su género, capacidades y aptitudes.

¿Cómo ser una buena persona si ni siquiera agradezco, reconozco y dignifico mi género? ¿Cómo vivir una existencia plena, una fe enlazada al amor divino y la aceptación del prójimo, si ni siquiera soy capaz de aceptar lo que soy?

Y que quede claro: no discrimino, juzgo o condeno, sencillamente, reflexiono y visualizo mi entorno… Tantas personas ocupadas y en lucha por defender una igualdad inexistente. Seamos claros, hombres y mujeres, ambos, somos dignos, mas somos distintos, complementarios, planeados desde la eternidad, para funcionar y operar en este mundo, respetando esa identidad, ni esclavizados a la moda de ir siempre en contra de cualquier principio o valor. Ser lo que se es, no es negociable.

Lo mismo se presenta en el marco de nuestra fe: decimos ser católicos, recibimos el agua del bautismo, incluso algunos acuden asiduamente a cumplir los preceptos dominicales y festivos… ¡Pero qué lejos estamos de que nuestras obras le digan al mundo quiénes somos y en quién creemos!

Facebook: Fernando D´Sandi

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