Signos de la Pascua

Sergio Padilla Moreno

Estamos en tiempo de Pascua y surge la pregunta de cómo entender y vivir la Resurrección de Jesucristo justo ahora, en medio del crítico contexto que estamos viviendo, donde enconos ideológicos y políticos, crisis ambientales, problemas económicos, inseguridad, etcétera, parece que no nos dejan vivir en paz. Pero, ante esta realidad, resuenan las palabras y gestos de Jesús resucitado cuando se presenta con sus amigos encerrados por el miedo: “«¡La paz esté con ustedes!», Dicho esto, les mostró las manos y el costado.” (Jn 20, 19-20). Jesús se presenta vivo, mostrando las señales que en su cuerpo le dejó “haber amado hasta el extremo” (Jn 13, 1); un amor entendido por el propio Jesús como “dar la vida por los amigos” (Jn 15,13). El hecho de que Jesús resucitado muestre las heridas en sus manos, pies y costado, nos anuncia que el amor, cuando es radical, deja marcas.

El Papa Pablo VI nos recordó, en la “Evangelii nuntuandi” (1975), que el mundo estaba cansado de palabras y que más bien necesita testigos, es decir, hombres y mujeres de todas las edades y situaciones que hayan sido marcados, en sus cuerpos y sus corazones, por las señales de haber amado y haber hecho así actualización en sus vidas del proyecto de Jesús. Seguir a Jesús no es fácil, pues implica amar y tomar la cruz; y es que, como bien dice el P. Richard Rohr OFM: “los cristianos suelen ser personas sinceras y bienintencionadas mientras no se pongan en tela de juicio cosas como el ego, el control, el poder, el dinero, el placer y la seguridad. Entonces se parecen mucho al resto de los humanos.” Es decir, cuando amar implica morir al propio yo, suelen venir no pocos repliegues.

Hacer presente a Jesús resucitado en nuestro mundo pasa por asumir su proyecto y estar dispuestos a que ello deje sus marcas. Pero también el reto es aprender a ver las marcas que en otros ha dejado la opción por el amor y la solidaridad con los demás, especialmente los que más sufren, para que así podamos contemplar a Jesús resucitado aquí y ahora. Marcas dejadas en el cuerpo, corazón e historia de madres, padres, maestros, artistas, afanadores, servidores públicos, policías, médicos, sacerdotes y religiosas, etcétera, quienes cada día de su vida optaron y se desgastaron por vivir, muchas veces sin saberlo, según los criterios y opciones de Jesús. Beethoven, ya hablamos alguna vez de eso, fue un hombre que, a pesar de los reveses que padeció en su historia y que repercutieron en su oído, le dijo sí a la vida, y nos dejó magníficas y profundas composiciones – incluso cuando estaba totalmente sordo- como fue el caso de la Missa solemnis. Él es, sin duda, un signo del Resucitado.

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Missa solemnis Beethoven Op 123 Leonard Bernstein

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