Enseñar a Vivir. La resurrección de Cristo desde la Evangelii Gaudium

Mtro. Fernando N. Sánchez Martínez* 

Nos encontramos en la celebración más importante para todos los cristianos, la resurrección de Cristo, la Pascua, el evento que marca un hito en la historia del ser humano que nos llena de vida, de esperanza y de fe, nos renueva a pesar de nuestras debilidades, a pesar de nuestros pecados, nos abre las puertas del cielo que estaban vedadas a nuestra naturaleza humana, gracias al Hijo es que somos hijos, hermanos y coherederos del reino de los cielos.

Esta certeza de haber sido rescatados en el amor conlleva a vivir en la alegría de saberse amados, liberados por el pecado, del egoísmo, la avaricia, la tristeza, el dolor, el vacío, el aislamiento, porque el encuentro con Jesús suscita en el ser humano la alegría de la buena nueva que desborda el corazón.

Sin embargo, esta alegría y certeza del amor de Dios hacia cada uno de nosotros, corre el peligro primero, de ni siquiera experimentarle, en segundo, de que sea algo pasajero, si acaso la alegría de un domingo, las causas son graves, ya que al contexto local, nacional y global, se le presenta la propuesta del consumismo que de manera brutal aliena la conciencia humana, con el cometido único de acumular cada vez más riquezas para sí, generando acciones inhumanas egoístas e individualistas que nos alejan cada vez más de nuestra humanidad (aquella capacidad de amar, de ser solidarios, de compadecernos de los demás, de un trato justo, de una actuación ética), ello, convierte nuestro corazón en una fortaleza inexpugnable, nos arrastra en la vorágine de la indiferencia, cegándonos la razón y el corazón, impidiéndonos reconocerle en los demás, especialmente en los más vulnerables, “ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado” (EG 2).

De ahí la invitación del Papa Francisco ante estos desafíos del mundo actual, que nutridos de la experiencia del perdón, el amor y la misericordia del resucitado en nuestras vidas, podamos vivir con sentido cristiano frente a una economía de la exclusión, que logremos incluir a aquellos que viven en la periferia o hemos destituido de la sociedad, que consigamos reestablecer la dignidad del ser humano por encima de la idolatría del dinero, que consigamos constituir una comunidad inclusiva sobre la inequidad que genera violencia.

Que Dios nos fortalezca y de ánimo para contribuir al establecimiento del reino en la fe, la esperanza y la caridad.

*Docente Investigador UNIVA

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